Revista IPLAC

Publicación Latinoamericana y Caribeña de Educación

Experiencias Educativas

Una estrategia docente para contribuir a la formación de valores...

UNA EXTRATEGIA DOCENTE PARA CONTRIBUIR A LA FORMACIÓN DE VALORES EN IDENTIDAD HISTÓRICO SOCIAL, TERRITORIALIDAD Y SOBERANÍA ORIENTADO A LOS ESTUDIANTES DEL PROGRAMA NACIONAL DE FORMACIÓN DE EDUCADORES DE MISIÓN SUCRE.

 AUTOR:

Ms C Carlos Aterio Rivero - Mora. Caracas-Venezuela.

 RESUMEN
  La educación integral y la formación de valores de identidad histórico social territorialidad y soberanía deben estar vinculadas para el desarrollo de las acciones defensivas en un mundo amenazado por el imperialismo. La educación bolivariana muestra la debilidad en su Programa Nacional de Formación de Educadores y se espera de los docentes en formación un ciudadano republicano y latinoamericanista. Debido a las limitaciones y dificultades que presentan los profesores y estudiantes para obtener este perfil desde el proceso de enseñanza-aprendizaje,  se propone una estrategia docente con el objeto de contribuir a la formación de valores de identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía a los estudiantes del PNFE, UBV, Misión Sucre con el propósito de asumir el deber de la defensa, desde el campo educativo, del territorio y el ejercicio de la soberanía. La investigación analiza la no presencia de valores de identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía en los contenidos del PNFE y presenta un diagnostico detectando la carencia de teorías, prácticas y procedimientos en el diseño así como las limitaciones de los docentes y estudiantes para entender y lograr una formación de valores al respecto. Se encontraron potencialidades que muestran la posibilidad de desarrollar una estrategia docente con la tendencia a formar un latinoamericano con actitudes defensivas,  consciente,  participativo y autónomo con propósito de encontrar la emancipación del conocimiento.
  A partir de estos elementos se propone una estrategia orientada a contribuir con la formación de valores dentro de los espacios de clases de la Misión Sucre y de la UBV, para lograr la educación integral latinoamericana y libertaria, unionista y con calidad para trabajar con su comunidad y con la liberación de su pueblo.
  La estrategia resalta la importancia de la actividad para lograr el latinoamericano que se espera desde sus objetivos, contenidos, metodología. Es una estrategia posible de convertirse en una transversalidad dentro del currículo con enfoque anticolonialista como vía necesaria para enfrentar la actual situación internacional desde el punto de vista político, continental e ideológico, profundizando la contextualización del currículo bolivariano así como extenderse a otros diseños o disciplinas que tomen como auxiliares la historia y la geografía.
 Palabras Claves: Estrategia, valores en identidad y soberanía

 ABSTRACT
  Comprehensive education and training of social values of historic identity and sovereignty must be linked to the development of defensive actions in a world threatened by imperialism. Bolivarian education shows weakness in its National Teacher Training and is expected of teachers in training a Republican and Latin American citizen. Due to the limitations and difficulties posed by teachers and students to obtain this profile from the teaching-learning process, we propose a teaching strategy in order to contribute to the formation of social historical identity values on territoriality and sovereignty students the PNFE, UBV, Mission Sucre in order to assume the duty of defense, from the educational field, the territory and the exercise of sovereignty. This paper analyzes the non-presence of social historical identity values on territoriality and sovereignty in the contents of PNFE and presents a diagnosis by detecting the lack of theories, practices and procedures in the design and the constraints of teachers and students to understand and achieve formation of values in this regard. Potentials were found to show the possibility of developing a teaching strategy with the tendency to form a Latin American defensive attitudes, awareness, participatory and autonomous in order to find the emancipation of knowledge.
  From these elements we propose a strategy to contribute to the formation of values within the spaces of classes of Mission Sucre and the UBV, to achieve comprehensive education in Latin America and libertarian, unionist and quality to work with the community and the liberation of his people.
  The strategy highlights the importance of Latin American business to achieve expected from its objectives, content, methodology. Is one possible strategy to become a mainstreaming into the curriculum with colonialist approach as a way necessary to face the current international situation from a political standpoint, continental and ideological, deepening the Bolivarian curriculum contextualization and extended to other designs or disciplines taken as supporting the history and geography.
 Keywords: Strategy, identity and sovereignty values

 INTRODUCCIÓN
  América Latina llega al siglo XXI con dificultades para lograr un verdadero proceso civilizatorio frente a una expansión imperialista que requiere la anulación de los estados nacionales, sus gobiernos legítimos y desaparición de las culturas originarias de los pueblos para la apropiación de sus territorios en cuya riqueza se encuentran las garantías de los pueblos excluidos por más de 500 años de colonialismo. A la vez que aumentan diversos movimientos de resistencia en América Latina, el imperialismo intensifica sus amenazas en violentar la integración y soberanía de los pueblos. Venezuela, en cuya realidad se presentan características especiales por el proceso de transformación que se desarrolla en su seno y ante la derrota transitoria sufrida por la no aprobación de la Reforma Constitucional, se agrega la necesidad de proyectar un modelo formativo de valores de identidad histórica social, que resalte el territorio y la soberanía, para revalorizar las organizaciones populares desde los centros de educación universitarios como la Universidad Bolivariana de Venezuela y la Misión Sucre, reconociéndonos, de antemano, deudores de la asimilación y comunicación de unas enseñanzas que con toda razón pueden reclamársenos cuando sea tarde.
  La ausencia de la formación de valores de identidad histórico social, territorialidad y soberanía en los niveles universitarios y la constante campaña mediática controlada por el imperio en contra de la soberanía venezolana, garantizan la inculcación de valores colonialistas desintegrando al sujeto de su contexto histórico social y del ejercicio de soberanía.
  Para la elaboración de una estrategia docente educativa, es necesario entonces, partir de las nuevas tendencias pedagógicas que refieren la educación de valores como obligación de los estados y de los pueblos para el mantenimiento del planeta, la calidad de vida y para afianzar la democracia. Así que: …”la sociedad contemporánea, que en la actualidad vive una profunda crisis de valores, pueda trascender las consideraciones meramente económicas y asumir dimensiones de moralidad y espiritualidad más arraigadas”. (“Visión y Acción para la Transformación de la Educación en el siglo XXI”, UNESCO 1998),
 En el Artículo 102 de la Constitución Bolivariana de Venezuela se establece que:
  ...“La educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social consustanciados con los valores de la identidad nacional, y con una visión latinoamericana y universal. El Estado, con la participación de las familias y la sociedad, promoverá el proceso de educación ciudadana de acuerdo con los principios contenidos de esta Constitución y en la ley”.  
  Las misiones educativas del gobierno bolivariano de Venezuela se perfilan como un programa de ayuda, sensibilización y orientación a educandos para que estos asuman de forma proactiva sus compromisos educativos y la creación de un nuevo ciudadano partiendo de un cambio de actitudes, opiniones mediante los nuevos valores que desde los centros educacionales contribuirán a superar las  limitaciones y desarrollar las potencialidades de la república que se quiere fundar. Sin embargo, actualmente se observar que tanto educadores como estudiantes no están identificados con los valores propugnados en los programas y el propósito de la acción transformadora de la nueva educación que se intenta fraguar asume un proceso centrado en lo instructivo. De aquí que lo común expresado por los estudiantes es: el desconocimiento sobre el mapa de América, sus ríos y montañas, las civilizaciones indígenas prehispánicas, la importancia de la comunicación en las lenguas de los pueblos, su cosmogonía, los conceptos y principios sobre territorio y soberanía.
  A pesar de impulso revolucionario que ha recibido la educación, esta ausente la formación de valores acerca del territorio como determinante de la cultura identitaria, sin que exista tampoco, el estudio de cómo ejercer la soberanía. La juventud universitaria se encuentra divorciada de su presente sin poder identificarse con el proyecto de integración latinoamericana el cual es visto como un proyecto político y no como una visión integradora de la geografía y riqueza territorial latinoamericana y que debe ser defendido ante las amenazas del imperialismo, frente al cual, se exige incorporar en el modelo educativo bolivariano una estrategia docente para la formación de valores de identidad histórico social, territorio y soberanía.
  Rolando Zamora (1994)  , facilita la comprensión sobre la búsqueda de la identidad histórico social mediante la formación de valores: “En el ámbito educativo, la identidad se manifiesta como la toma de conciencia de las diferencias y las similitudes referidas a comunidades, grupos sociales y entidades con procesos históricos similares o disímiles. El tratamiento a la dimensión identitaria de la educación implica la cosmovisión integral de los diferentes ámbitos de resolución social, natural y cultural del fenómeno, donde las relaciones del pasado y del presente se resumen en las culturas, proyecciones espirituales, imaginario social, formaciones político sociales, modos de producción y de vida, etc.; que han adoptado desde el pasado formas económicas, sociales y culturales propias”.
  Según este postulado es posible partir de la formación de valores no sólo para “enraizar” al educando a su contexto, reafirmando su soberanía cognitiva y su compromiso de defensa de la nueva sociedad que se exige refundar. Al respecto sostiene, García Alonzo y C. Baeza Martín:  ...”La actividad identitaria conduce a la transformación del sujeto de cultura en sujeto de identidad (sujeto de cultura que, en el proceso de comunicación con el otro significativo, se ha diferenciado de éste y ha reconocido como sujeto actuante su identidad cultural), el cual se cimienta en los valores culturales que evidencian y definen su identidad. Estos valores se distinguen de los objetos de cultura (son todas las producciones materiales y espirituales que el sujeto de cultura elabora) y se denominan valores u objetos de identidad (son producciones materiales y espirituales del sujeto de identidad objetivadas). Por todos estos procesos, gracias a la influencia de la memoria histórica, se conservan el conjunto de valores culturales identitarios que refrendan, sustentan y estructuran la identidad”.
  Se valida entonces la memoria histórica como categoría fundamental que puede orientar las diversas variables sujetas al proceso investigativo, por su notable precisión, y encausar la formulación de una estrategia docente para ser insertada en el currículo de los programas  de la educación bolivariana a fin de resolver la siguiente contradicción:
  Ante el ejercicio de una política educativa latinoamericanista no existe una estrategia para la formación de valores de identidad histórico social que permita identificar a los estudiantes con el ejercicio de su soberanía y la defensa del territorio desde la sociedad que se espera refundar.
Esta contradicción permite señalar el objetivo de este trabajo: elaborar una estrategia docente educativa para la formación en valores en identidad histórico social, territorialidad y soberanía.
  La significación práctica de la estrategia docente educativa en valores de identidad histórico social, territorialidad y soberanía, radica en que, a la vez que contribuirá a relacionar dialécticamente el diagnóstico con su carácter evaluativo, se espera ser utilizado como un eje transversal en el Programa Nacional de Formación de Educadores y otros diversos programas, así como sus diversas aplicaciones usando las nuevas tecnologías de la información.

 DESARROLLO
 - Los valores como orientadores de la actividad humana
  El papel complejo de los valores está relacionado con la misma existencia planetaria y humana,  de allí su importancia en plantear una axiología latinoamericana garante de la existencia y trascendencia del actual hombre latinoamericano fundamentada en una educación emancipadora. Como referente de la cultura, los valores orientan la actividad humana pero es significativa desde el proceso de enseñanza-aprendizaje su acción transformadora. A pesar de la estrecha relación entre cultura, valores y educación, ésta no será integradora si el modelo educativo no contempla en sus contenidos la transformación social y la defensa del contexto o dimensión donde ha nacido y se ha desarrollado el sujeto, su territorio.
  Toda educación emancipadora actual debe perseguir la libertad cognitiva y formar para asumir la actitud de defensa ante la violencia, barbarie y dominación imperialista.  
 - Conceptos y significación de los valores
  Los valores son un conjunto de realizaciones materiales y espirituales en las que se objetiva la multifacética actividad humana y que comprende los saberes, destrezas, procedimientos, modos de actuación y resultados que se obtienen en el proceso de transformación de la realidad por el hombre. E. Báxter P., dice: “Definir conceptualmente el término “valor “no es tarea fácil, ya que este es objeto de análisis y reflexión por diferentes ciencias y en las sociales, aún no queda muy claro, debido a que cada escuela lo define en función de la ideología que subyace en su teoría. Los valores como categoría, son estudiados por la Axiología, (del griego axios = valor) que constituye la teoría filosófica que conceptualiza las nociones de lo valioso, en el campo de lo que es bello, estético y verdadero, como esencias y cualidades contenidas en las creaciones humanas”.  
  Mientras que el concepto valor responde a una concepción ideológica como vimos anteriormente, para el Fabelo J.  …“por valor, generalmente se entiende, la capacidad que poseen determinados objetos y fenómenos de la realidad objetiva de satisfacer alguna necesidad humana, es decir, la determinación social de estos objetos y fenómenos, consistente en su función de servir a la actividad práctica del hombre “.
  Como parte de una compleja formación de la personalidad, contenida no sólo en la estructura cognitiva, sino fundamentalmente en los profundos procesos de la vida social, cultural y en la concepción del mundo del ser humano, los valores existen como parte de la conciencia social y en estrecha correspondencia y dependencia del tipo de sociedad en el que niños, adolescentes y jóvenes se forman. Esta es la razón por lo que la actividad humana está gobernada y regulada por normas, ideales y principios de acción de la sociedad que la determina y marca el desarrollo de la personalidad del sujeto desde la edad temprana de su desarrollo y de su código moral fruto de la época en que se desenvuelve y puede arrastrar o no taras e imperfecciones del pasado hacia el presente.
  Durante este proceso de interrelaciones el individuo en el proceso de formación busca o trata de acercarse a un modelo o prototipo de perfección o medida en la intención de realizar acciones o formarse en juicio de hacia donde conducir sus fuerzas en la realización de una obra o la construcción de un paradigma de perfección humana, aunque también pueden conducir a una conducta contraria al ser humano debido a su importante papel sociológico y gnoseológico en las motivaciones, los sentimientos y las valoraciones de los individuos al actuar. Según Chacón A. N. ,…“Los valores son una parte importante de la vida espiritual e ideológica de la sociedad y del mundo interno de los individuos, los mismos son una producción de la conciencia (social e individual) en el contexto de las relaciones sociales dadas en la actividad del sujeto y existen en unidad y diferencia con los antivalores”.
Es decir en la personalidad del sujeto y de la sociedad, existen un conjunto de valores políticos, jurídicos, morales, estéticos, religiosos, filosóficos y científicos como expresiones específicas de las condiciones económicas, sociales y clasista de una época histórico concreta, que por su carácter dialéctico y cambiante, orientan y regulan a nivel social (aspecto objetivo) la conducta de los individuos (aspecto subjetivo).
  Un ejemplo de ello es la relación de la moral con la política y el derecho, o la moral con la educación sexual y familiar. También la formación ciudadana patriótica, militar e internacionalista. Todas ellas cumplen un sentido del deber responsable, de la solidaridad, la honestidad y honradez, entre otros valores, que penetran cualquier propósito o acción formativa desde lo social. Pero en todos los casos es lo bueno y lo positivo en contraposición al mal con un carácter valorativo y normativo al nivel de la conciencia, que regula y orienta la actitud de los individuos hacia la reafirmación del progreso moral que persigue el crecimiento y perfeccionamiento humano.
  Desde una concepción dialéctico-materialista se puede comprender los valores como los significados que adquieren los fenómenos, objetos y procesos de la realidad para los individuos, clases, naciones en el contexto de la actividad práctica,  en la medida en que satisfacen necesidades e intereses. Estos objetos o fenómenos creados por la fuerza movilizadora de los valores, (por ser la personalidad una organización sistémica, viva y relativamente estable de las distintas formaciones psicológicas históricas sociales, y como sistema integrador de funciones de su propios contenidos,  se convierten en valores, por la sociedad, en el contexto de la práctica histórico-social y como "componentes de la ideología”  generando funciones reguladoras y autorreguladoras.
Siendo creación humana, los valores inciden en la conducta de los sujetos desde su formación temprana atándolo a una dependencia de su marco histórico social, y a su vez, la capacidad de regulación y autorregulación del sujeto en relación con y su entorno. Por su contenido cultural, los valores desde lo educativo pueden convertirse en acciones para la transformación social.
 - La relación necesaria: cultura, educación y valores.
  Desde un determinado territorio cada pueblo desarrolla un proceso de aprendizaje en el que interviene la familia y la comunidad inculcando normas, idiosincrasias y tradiciones que van de generación en generación. Todo ello conforma raíces históricas cargadas de ideas y creencias de acuerdo a las condiciones materiales y espirituales en los contextos en que se desarrollan los individuos y los pueblos. Estos referentes educativos se crean, se transmiten, se reproducen y se transforman en referentes culturales resultando la herencia cultural donde yace y se reproducen los valores desde un lento y complejo proceso teórico práctico adquiriendo una fuerza la cultural, en primer lugar, y la educación en segunda lugar.
La dialéctica de los días entre hegemonía mundial e identidad cultural obliga a plantear la necesidad de reflexionar sobre la relación de lo cultural, lo educativo y lo axiológico, debido a que en la realidad latinoamericana subyace una reserva valorativa dotada de sensibilidad y espiritualidad reutilizable por las ciencias pedagógicas y aplicable en la educación para reproducir un desarrollo humano en pro de la administración y defensa continental. Mendoza L. emite un concepto en donde engloba estos términos: “Al colocarse en centro de reflexión, (se refiere a la educación) se requiere penetrar en la naturaleza del propio proceso de formación de la culturas y de la personalidad. Y es que puede olvidarse que la educación del ser humano, de alguna manera reproduce en la pequeña escala de su existencia, el proceso histórico social por el que ha atravesado la humanidad en su devenir. Este ha quedado plasmado en la cultura, que como resultado de la actividad humana constituye medida del desarrollo humano. Y conlleva a su vez, la comprensión de los valores como expresiones de la cultura y componentes de la ideología.”
  Pero estos valores por ser componentes de la ideología no pueden ser descubiertos sino mediante una metodología dialéctica, de enfoque socio cultural y personológico que sugiere integralidad espiritual, sensibilidad, estilo de pensamiento y estudio del territorio donde se ha formado el sujeto. Además, pesa en los pueblos latinoamericanos la transculturación que ha sido profundizada por la concepción positivista de la educación que ha proyectado y ejecutado un proceso formativo a partir de las condiciones, presupuestos, problemas y componentes, especialmente relativos a las vías y métodos cónsonos con variables históricas dependientes.
A pesar de ellos aun se mantienen valores autóctonos contrarios a la formación de valores capitalistas y como la cultura es, también, acumulación, tradición, herencia... y deviene un proceso de producción de significados en el contexto de relaciones humanas, reconociéndose como "...un entramado de significados compartidos..." , ello deriva necesariamente en otra cuestión de gran importancia: que la cultura expresa y concreta en los valores todos los contenidos educativos pasados y presentes de los pueblos en un determinado territorio, guardando variables históricas independientes de otras culturas y una diversidad que tiene correspondencia con su devenir social, que de alguna u otra manera constituye su identidad nacional. Pero también está implícito en cualquier análisis cultural la polaridad: dominación – liberación, en la cual se imponen algunas identidades culturales  y surgen defensas de valores culturales.
  Según Castro (2001), ¨...  Educar es todo. Educar es sembrar valores, es desarrollar  una ética, una actitud ante la vida. Educar es buscar todo  lo bueno que pueda estar en el alma del ser humano.
Esta visión del desarrollo de la humanidad desde la educación en valores abarca la relación de aquellos con la cultura y la educación en todas las etapas evolutivas del ser humano, como individuo y al mismo tiempo desde un territorio. La educación implica los valores en toda la cultura universal sin perder la propia, desde la cual, se buscan las vías y métodos idóneos para alcanzar metas de preservación cultural y de análisis complejos de nuestra cultura y de otras con necesidad de referencia de las coordenadas epocales y los multifactores determinantes y condicionantes ya sean ideológicos, económicos, políticos y sociales.
  Cuando se implica la contradicción cultural: dominación-liberación, la educación se debe convertir en un proceso consciente organizado, dirigido y sistematizado, con una concepción pedagógica integral determinada por la demanda de la realidad histórica socio cultural abrigando contenidos curriculares formativos en valores obedientes a las necesidades, principios y normas morales costumbres y tradiciones que conforman nuestras sociedades latinoamericanas;  a lo cual se puede añadir ciertos mecanismos funcionales de la conciencia moral, tales como la autoconciencia, las representaciones sobre el bien y el mal, los sentimientos, la espiritualidad, el amor y el compromiso, entre otros. Chacón Arteaga refiriendo a José Martí sostiene,“... y ello no se puede lograr solo desde el conocimiento, tiene que intervenir el sentimiento. José Martí sostuvo que mediante los valores podemos formar...“hombres vivos, hombres directos, hombres independientes, hombres amantes. ”  
  Fabelo  J. al reflexionar acerca de la formación de valores en las nuevas generaciones señala: “Los valores que se forman en la conciencia juvenil son el resultado de las influencias, por un lado los valores objetivos de la realidad social con sus constantes dictados prácticos o de las institucionales que llegan al hombre en forma de discurso ideológico, político y pedagógico”  
  Chacón N. hace un análisis de los valores en su aspecto moral planteando que estos:  “constituyen la unidad de lo objetivo y lo subjetivo, de lo emocional y lo racional el cual se da sobre la base  de exigencias y necesidades humanas concretas que se expresan en los valores individuales y sociales, aspiraciones y anhelos por lo que constituyen una autoafirmación de la condición humana”.
  Estos tres momentos esenciales que considera el autor, incluyen las condiciones históricas concretas que vive el país y que se relacionan dialécticamente con los llamados valores objetivos que son los que establecen la dinámica social. Los valores subjetivos son cuando esa significación social de los valores objetivos se reflejan en la conciencia individual y colectiva de los miembros de la sociedad; es cuando el sujeto social conforme con su sistema subjetivo de valores, puede corresponder en mayor o menor grado con los valores objetivos.
Al referirse a los valores oficialmente instituidos o parte de la ideología oficial Baxter E. plantea que: … “la formación de valores tiene gran importancia para el desarrollo de la personalidad para lograr que los jóvenes asuman una participación correcta dentro de las luchas que caracterizan la etapa constructiva de la nueva personalidad... debe regir el comportamiento general de la juventud que orientan su conducta y determina sus actitudes, sus formas de actuar “  
  No obstante, para el logro de la formación de valores se exige cumplir con metas, ideales, fines lo que implica la relación entre lo real y su transito hacia lo ideal, lo subjetivo y lo objetivo. Ello significa un recurso epistemológico para definir que la formación de valores hacia el hombre latinoamericano debe aspirar a transformar su sociedad mejorando las condiciones de existencia.
  Pero las condiciones de existencia deben reunir ciertos requisitos. En primer lugar tener la visión del país que se quiere y de la nación que arremete contra su identidad. Vale la pena reflexionar aquí sobre las variables de identidad histórica social que interesa pero que sin profundizar ese aspecto, se debe hacer referencia a la escuela. Su significado radica en ser el centro coordinador y generador de un enfoque metodológico de la formación de valores desde el curriculum hacia el sujeto, su familia y su comunidad. Incluyendo su propio funcionamiento como institución educativa y lugar de bienestar emocional, la escuela será un  espacio de despliegue para la formación de valores desde las diferentes asignaturas, mediante las cuales el maestro, sus compañeros y los sujetos que aprenden desarrollaran potencialidades. Las clases para la formación de valores, especialmente para la soberanía cognitivas, deberán relacionarse con diferentes necesidades del estudiante, por lo cual en la expresión de los mismos el docente (afectivo-motivacional-conductual), también producirá emociones de diferente naturaleza, que afectarán intrínsecamente la cognición, proceso que puede tener nuevas formas cualitativas como parte constructiva de su personalidad mediante el desarrollo del proceso reflexivo, subjetividad significativa en la formación de valores.
  Por su parte las emociones que se producirá durante el aprendizaje intervendrán de diferentes formas en la constitución de los estados afectivos complejos que caracterizan toda actividad humana como son la independencia, la autoestima positiva, los intereses, etc. El crecimiento del aprendizaje deberá ser creativo si se aparta lo formal y memorístico y se resalta la producción emocional con el desarrollo del intelecto mediante una enseñanza democrática solidaria y comprensible sin excluir la formación de valores de la cultura propia. .
Álvarez de Zayas, C. pedagogo cubano, define el contenido como: “aquella parte de la cultura que se traslada de esta a la disciplina docente, para el logro de los objetivos programados”.  La otra parte es lo histórico. Con respecto a esto, Chacón N. al referirse a Ernesto Che Guevara reafirma la fuerza de lo histórico en la formación de valores desde lo educativo: “Creo que lo más sencillo es reconocer la cualidad de no-hecho de producto no acabado,  las tareas del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarla. El proceso es dable, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación”.  
  Una educación liberadora debe tener presente los componentes que hacen al sujeto un esclavo de lo que ha aprendido de manera que, en sentido axiológico y educativo, debe movilizarse la personalidad del sujeto hacia la sociedad que se quiere, o al paradigma planteando. De esta manera, la vía del aprendizaje de conocimientos y habilidades debe estar relacionado con el proceso formativo en valores particularizados, dejando abierta la labor educativa intencionar, explicita, mediante saberes y actividades. Esta cobra importancia según Pupo R.,  “en la actividad axiológica el sujeto aborda el objeto a partir del prisma de su valor, es decir, de su significación moral, política, estética, utilitaria,  científica e ideológica es un proceso único donde  la práctica valorativa del hombre se fundamenta como base, fin, criterio y veracidad de valores”.  
  Chacón A. N. resalta las cualidades del maestro para lograr una verdadera formación de valores. Explica lo siguiente: ...”las cualidades del maestro y los valores que respaldan la ética pedagógica (humanismo, amor a la profesión,  espíritu revolucionario, transformador y optimista, cumplidor de sus deberes y responsabilidades, exigente, justo, honesto, modesto y sencillo) le da un prestigio moral que se expresan en la dignidad y honor como cuadro profesional, científico-pedagógico, y portador de una ejemplaridad en su vida personal, imprimiéndole a su labor educativa un adecuado clima psicológico moral en sus relaciones y comunicación con los educandos, limpieza moral, entrega y coherencia entre lo que piensa, dice y hace, consecuentemente, con lo cual la personalidad del maestro se convierte en un poderoso instrumento en la formación de los valores y cualidades morales en los educandos, que son a su vez, sujetos activos de formación en este proceso”.  
  Al respecto establece unos criterios para educar en valores, entre muchos de ellos, el de instruir con estrechos vínculos dialécticos; educar de acuerdo a las necesidades de la sociedad que se aspira; establecer los tipos de valores; aprovechar las potencialidades del sujeto y su entorno. A estos criterios le asigna varios elementos para completar las acciones que son: el colectivo pedagógico, el profesor guía, el colectivo de estudiantes y el profesor.
  La formación de valores morales tienen una importancia en lo cognitivo en estrecha relación con lo afectivo - volitivo, ideológico y de las experiencias morales acumuladas en las relaciones, la conducta y la diversidad de actividades de la vida cotidiana. Esto comprende unas etapas en las que los niños parten de la formación de las nociones sobre el mundo más cercano que los rodea (en las edades tempranas, preescolar) con un despliegue de sus sentimientos, la ampliación de estas nociones en significados individuales (escolares de primaria) en su relación con los significados sociales (adolescentes de secundaria básica), fijación y asunción interna de los significados socialmente positivos en forma de convicciones personales (en la juventud).
  Para ello es necesario cumplir con unos requerimientos metodológicos generales  que deben tenerse en cuenta para diseñar las estrategias educativas y acciones para la formación de valores morales. Según Chacón A N. estas son: “Profesionalidad del maestro; Condiciones del macro y el micro medio social; Condiciones objetivas y subjetivas (…); seno familiar, condiciones socioeconómicas de vida, condiciones de clase, condiciones de la comunidad, entre otras; Condiciones de la comunicación y su tono, en el marco de las relaciones interpersonales en que se desenvuelve el niño o joven, necesidad de confrontar sus puntos de vista, confrontación de su auto imagen con la valoración de los demás; Formación de la autoconciencia, conocimiento de sí mismo, reafirmación del yo, en relación con el otro y los otros, ejercicio de la valoración y autovaloración; Atención al mundo espiritual, esfera afectiva-volitiva, despliegue de los sentimientos, emociones, el tesón, la constancia, la voluntad; Métodos de aprendizaje de participación activa, estímulo al talento, la creatividad e independencia; Formación de aspiraciones, intereses, en forma de objetivos personales y sociales, donde la orientación profesional y vocacional tenga un espacio importante; Formación activa, donde es imprescindible experimentar en el acto de conducta, en el comportamiento, las vivencias y experiencias acerca del cumplimiento de una norma o valor ético, la satisfacción personal que produce, el reconocimiento social que puede provocar, así como también las consecuencias de la violación de una norma o valor moral, la crítica o sanción que provoca, el cargo de conciencia, la vergüenza que se siente, y sobre todo el propósito de enmendar tal situación en su vida; Formación de un pensamiento flexible, que refleje las contradicciones objetivas de su entorno, que transformadas en conflictos o dilemas éticos, provoquen una reacción de compromiso con la realidad a partir de determinadas exigencias morales, del deber, la responsabilidad entre otras; Estimular el sentido de autenticidad en su actuar, plenitud, libertad, a partir de la sinceridad, honestidad, sencillez; Influencia sistémica de la relación familia - escuela - comunidad, en vínculo con otros elementos del sistema de influencias sociales como los medios de difusión masiva”.
  Es Chacón A N. quien aporta un elemento importante para la formación de los valores: el protagonismo del sujeto, como categoría que expresa el proceso de transformación interna y autoconstrucción de la escala de valores, es decir, de una moral heterónoma hacia una moral autónoma.  
  Orientados por esta concepción, diversas actividades pueden vincularse con los sentimientos asociados a los valores, cualidades personales (planos psicológico, ideológico y actitudinal) que van conformando la individualidad de los sujetos debido a que la formación de valores no tiene una edad determinada. Se pueden formar sujetos en valores desde edad temprana pero hay reajustes en el transcurso de la vida de acuerdo al desenvolvimiento casuístico de cada persona y de las condiciones macrosocial y epocal.
  Los aportes de Chacón Arteaga N. a la formación de valores se resumen en: el componente humanista y axiológico, avances de la ciencia, la ideología, personalidades relevantes, historia e identidad histórica, arte, literatura, política, formación  ciudadana, la formación de valores en relaciones maestro – alumno, maestro – comunidad y familia y actividades extradocentes, entre otras. Introduce unas exigencias para el maestro como la base del amor a la profesión, la dignidad y el honor pedagógico que se requiere en estos tiempos difíciles.
Si se aspira tener un sujeto protagónico, critico y contextualizado a partir de un modelo educativo, la formación de valores desde el proceso de enseñanza aprendizaje debe obedecer a las exigencias de los tiempos actuales sin omitir la realidad histórica cultural y las necesidades del sujeto. Los contenidos de dicho modelo deben mantener una relación entre lo axiológico y los procesos formativos en valores, estos por su parte, no formaran parte de una formación integral sino no están vinculados con su contexto geohistórico social, que es la premisa fundamental para comprender el mundo actual globalizante en donde los imperios amenazan la soberanía de los pueblos en desarrollo.
  Necesidades y limitaciones que presentan los estudiantes y docentes del pnfe en formación de valores histórico-sociales, territorialidad y soberanía
  El gobierno bolivariano asume la formación de valores para la transformación social y la construcción de una sociedad mejor desde la educación, considerada en la Constitución Nacional de la República Bolivariana así como en el Compedio Básico 2004,  como un derecho humano, un deber social y un servicio público que establece “la moral y las luces” como eje rector del tercer motor de la revolución bolivariana vinculado al plan estratégico del desarrollo nacional. Como parte de este cuerpo, el Programa Nacional de formación de Educadores deja un vacío formativo en valores de identidad histórica social sobre territorialidad y soberanía, hecho que se refleja  en las necesidades del aprendizaje que presentan los educadores en formación y en las limitaciones de los docentes de dicho programa para la formación de valores al respecto.
  La educación en valores: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el modelo bolivariano.
El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS, en la juramentación de los coordinadores regionales de la Misión Sucre, realizada en la Sala Plenaria de Parque Central, el sábado 11 de octubre de 2003, describió algunos fundamentos conceptuales de la educación bolivariana y que están contenidos en el Compendio fundamental básico del año 2004. Allí se conjuga una visión de la justicia social con el carácter estratégico de la educación superior para el desarrollo humano integral sustentable, la soberanía nacional y la construcción de una sociedad democrática y participativa, para lo cual, es indispensable garantizar la participación de la sociedad toda en la generación, transformación, difusión y aprovechamiento creativo de los saberes y haceres.
  Desde La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela se perfila el rango de la soberanía cognitiva como propósito fundamental del modelo educativo para rescatar la identidad nacional y latinoamericana, la justicia social frente a la pobreza y contra las formas de exclusión social. Se exalta, desde el modelo educativo, la participación protagónica del pueblo venezolano, la defensa de la democracia participativa y de la ciudadanía democrática. Mientras que el territorio, el equilibrio ecológico y la soberanía aparecen en otros contextos de la Ley Constitucional.
  Los propósitos y la trascendencia de la formación educativa bolivariana se orientan a la problemática de los ciudadanos de sus necesidades y exigencias del país, a los cuales se les exige ser corresponsales con el progreso nacional y el desarrollo sustentable, para que puedan incorporarse a la vida constructiva y a la vida social y para la construcción de la ciudadanía y la soberanía nacional.  
  Esta visión demanda, desde el terreno de la construcción de la ciudadanía, la formación de valores para desarrollar desde lo cognitivo, la lucha contra la jerarquía y monopolio del saber, calificada como parte de una cultura política. No obstante el modelo educativo bolivariano a pesar de tener relación con la moral y las luces, no lo profundiza haciendo referencia de manera simplista y pobre.
  En principio desde el Compendio se señala la soberanía política sin que se exprese una profunda explicación de la soberanía cognitiva, la cual se señala en la participación integral de los ciudadanos en la formulación, planificación, ejecución y evaluación de los asuntos atinentes a su interés común mediante el voto para construir la democracia.  La capacidad de decisión en el conjunto del proceso desde la formación educativa resulta un planteamiento que no termina de profundizar el saber y el hacer para ejercer soberanía dentro de lo contextual y lo cognitivo.  
  En lo referente a la ecuación bolivariana municipalizada puede entenderse la relación de los estudios superiores vinculados al contexto socio-cultural en el que se realiza la práctica educativa. Entonces se señalan: “pertinencia socio-cultural”, “re-conocimiento de la diversidad cultural”, “étnica”, “acervos y saberes regionales”; “participación y corresponsabilidad”; “desarrollo local sustentable y endógeno” y el términos de Edgar Morin, “de la ciencia con conciencia” pero en todos estos casos no se refiere el reconocimiento del territorio sino escuetamente “defensa de lo propio” y  “valorización del  lugar de origen”.  
  El respeto a la cotidianidad del estudiante y su vinculación a su contexto sociocultural y geográfico se ejercita a partir del método de proyectos y de solución de problemas, investigaciones de diversa índole, trabajos de campo, excursiones y visitas guiadas; fomentando simultáneamente el arraigo y el amor por lo propio.
Ante esto tenemos una objeción: si se propicia una educación con un currículo flexible, adaptado y adecuado al contexto local, y si a esto se le suman los conceptos de participación y corresponsabilidad para crear un sentido de arraigo, de pertenencia, al mismo tiempo de influir en la permanencia de los estudiantes en su proceso educativo, no se señala una formula que inserte los valores de defensa de lo que le pertenece. Este proceso que es “cómo desaprender” no está inmerso en el modelo. Lo que nos induce a establecer varias afirmaciones de acuerdo a los resultados extraído del método empírico descriptos en los cuadros y gráficos siguientes y  a los cuales hemos establecido sus respectivos análisis cualitativos.
Las necesidades formativas de los estudiantes.
  Es necesario rehabilitar la geografía y la historia dentro de los aparatos educativos propiciando el máximo protagonismo posible y argumentando su funcionalidad directa. La geografía y la historia pueden y deben convertirse en los ejes estructurantes que permitan la integración de las demás ciencias sociales. Pretender la incorporación de otras ciencias sociales en pie de igualdad con la geografía  es poco menos que utópico por diferentes razones. Ninguna otra ciencia ha conseguido desarrollar un discurso educativo y el profesorado no tiene capacidad para solucionar este déficit por medio del voluntarismo (…) Las llamadas a la interdisciplinaridad o plusridisciplinaridad forzadas  y generales son demagógicas.  
  Nuestros tiempos de globalización reclaman la enseñanza de la historia y la geografía sin que ellas resten importancia a las otras ciencias sociales y no como un discurso pseudopedagógico sino como una concreción fundamental emergente para el conocimiento y la práctica de la defensa nacional y de la memoria colectiva de los pueblos.
  Las necesidades de los estudiantes y las carencias y limitaciones de los docentes del programa de formación de educadores para el aprendizaje y la formación en valores de identidad histórica social, territorialidad y soberanía no permiten completar la formación ciudadana y latinoamericana para la transformación que se espera. Tampoco no es posible desde este marco de necesidades y limitaciones contrarrestar la campaña mediática de los medios de comunicación social privados. La formación de valores esta reducido a los espacios informativos cuando se presentan las alocuciones presidenciales y las celebraciones de las fechas patrias. Por lo cual se puede afirmar que desde el modelo de educación que se tiene y el Programa Nacional de Formación de Educadores como puntal de la educación bolivariana,
 1) Hay un lento desarrollo de las competencias y actitudes para el ejercicio pleno de una ciudadanía comprometida con los valores de territorialidad y soberanía como lo establece las exigencias de los planes de desarrollo nacional debido a que la formación integral está limitada al no tener nuevas opciones para el crecimiento personal en valores estrictamente territoriales que sirvan de sostén ideológico para el aprendizaje de formas organizativas, administración de los recursos, participación social, económica, cultural y política;
 2) El programa PNFE resulta insuficiente para la carga valorativa que exige la integración territorial latinoamericana no pudiendo alcanzar el desarrollo de la capacidad defensiva desde el ciudadano que se quiere formar.
Por otra parte, mientras que la labor de aprendizaje del docente en formación se integra con la Unidad Proyecto, las unidades curriculares se transmiten sin tener una visión de los valores de defensa practicado por los pueblos latinoamericanos. No se investiga ni se descubre, la esencia de los procesos históricos, con lo cual se obtiene un docente en formación sin poder valorar la territorialidad ó tener una clara alocución de la soberanía. El estudiante no se sensibiliza con la disciplina de la historia debido al peso de indiferencia hacia ella impartido desde la educación tradicional.
 3) No se termina de fraguar el tejido socio educativo entre proceso educativo, transformación social, identidad histórica social y latinoamericanismo; tampoco se impulsar una cultura organizacional, si el proyecto bolivariano y su modelo educativo sigue presentando esa débil presencia de la valoración de los espacios físicos frente a las oportunas agresiones imperialistas contra nuestra territorialidad y soberanía.
 4) No se logra impulsa la cultura de la paz como una actitud de soberanía planetaria desde el contexto latinoamericano en función de poder aumentar una visión del conflicto mundial entre imperialismo y antiimperialismo si se excluye las ciencias sociales de la historia y la geografía.
  Lo anterior permite deducir que no se ha contribuido a la vinculación de la educación bolivariana con las metas planteadas por el Plan de Desarrollo Nacional en los siguientes puntos:
 1) En el plano social, el PNFE no permite el acceso para el conocimiento en otras ramas del saber para el desarrollo de otras potencialidades y fortalezas unificadoras entre saberes y haceres. Las organizaciones comunitarias, el conocimiento pedagógico y los valores de territorialidad, son imprescindibles en la formación de educadores para comprender el individualismo y el egoísmo como valores contrarios a la integración colectiva y la práctica de la solidaridad.
 2) Si es verdad que en el plano político el modelo educativo bolivariano y el PNFE contempla el fomento de la participación y el ejercicio de los derechos ciudadanos a fin de crear una nueva cultura política y nuevos ciudadanos republicanos, no llegó a percibirse el liderazgo del programa en el proceso del referéndum constitucional de carácter socialista que pudiese tomar como referencia la territorialidad y la soberanía.
 3) En el plano económico, se establece el acceso al conocimiento para abrir las oportunidades a actividades productivas más allá del empleo, la creación de formas de convivencia y relaciones productivas desde la solidaridad y el cooperativismo, formas asociativas de distinta naturaleza, en donde las ganancias generadas por la fuerza de trabajo y su distribución equitativa deben señalarse desde la enseñanza entre los docentes, estudiantes y la comunidad. Al contrario, no se ha impulsado una formación para el desarrollo de las capacidades organizacionales asociativas.
  En el plano intersectorial que reclama su vinculación desde sus bases de la retroalimentación de las políticas educativas bolivarianas desarrolladas por el Estado desde el año 2003, aún los docentes en formación no logran entender la necesidad de vincular el PNFE con las prioridades nacionales exigidas porque dicho programa no contempla unidades curriculares ni transversales referidas a territorialidad y soberanía.
  A pesar del impacto cuantitativo que tuvo el PNFE al iniciarse la masificación de la educación y desconcentración en cierto grado del sistema educativo, con la creación de nuevas modalidades, alternativas y oportunidades de estudio en todo el territorio nacional, en dicho programa los docentes tienen un mayor índice de limitaciones para contribuir a la formación en valores en territorio y soberanía, lo cual requiere perfilar el sentido de la educación integral crítica para ser insertado al Plan Estratégico Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.
  En tal sentido, y con la intención de generar saberes y actitudes en la población estudiantil mediante la formación en valores históricos sociales, territorialidad y soberanía, se propone una estrategia docente integrada al PNFE y en otros programas como sostén ideológico y contextualización del modelo bolivariano.
  No obstante, es necesario caracterizar el conjunto valorativo y la estrategia a fin de mostrar los resultados que se esperan desde el aprendizaje.
 - Caracterización de la estrategia docente educativa en valores de identidad histórica social, territorialidad y soberanía.
  Desde la década de 1990, las discusiones pedagógicas sobre el papel de la formación en valores latinoamericanista y patrióticos ya forman parte de los temas de la prensa escrita,   de los foros educativos, medios intelectuales, en radio y televisión. El debate se desarrolla desde diversas concepciones por la necesidad de salvaguardar la identidad cultural de los pueblos latinoamericanos y la defensa de los territorios continentales ante las agresiones imperialistas, logrando ocupar la discusión, un lugar en la estructura de los sistemas axiológicos.
  En el caso venezolano donde se desarrolla un proceso de transformación con repercusiones en América Latina y en donde apuntala una educación con formación bolivariana, se hace imprescindible crear estrategias docentes educativas para la formación en valores, partiendo de la prehispanidad continental americana en función de obtener un latinoamericano integral con capacidad para cooperar en el ejercicio de la soberanía nacional con disposición defensiva y cualidades intransigente ante las agresiones imperialistas  en contra de los pueblos del continente.
 Las concepciones hacia la prehispanidad:
  Las tendencias pedagógicas del capitalismo encuentran su contrapartida en el proceso de enseñanza aprendizaje centrado en desarrollar en el individuo su capacidad valorativa y participativa desde una formación ciudadana, patriótica y latinoamericanista. Sin obviar estas concepciones no se puede mejorar la calidad de la enseñanza si se excluyen de los currículos la enseñanza-aprendizaje de la territorialidad y la soberanía.
Como la territorialidad es una cualidad instintiva que diferencia al ser humano del animal, debido a que aquel es creador de la cultura, en  constante proceso de aprendizaje al interactuar con otros hombres, socialmente marca el territorio que habita, acrecienta las sociedades más complejas y llega a constituir un Estado. Su racionalidad se manifiesta en su participación de adquirir, poseer, defender y organizar políticamente un área geográfica delimitada, posesionada históricamente llamada territorio, primer requisito para la satisfacción de necesidades básicas de la gente, tales como seguridad, estímulo y sobre todo, identidad.
  Todas ellas son construcciones sociales en un constante crecimiento con grado de complejidad, debido a que se produce en la cultura, donde se precisa el sentido de la identidad espacial, la exclusividad de su uso, el compartir los recursos del espacio bajo una interacción que desarrolla un sentimiento de pertenencia con derechos exclusivos y un modo de comportamiento en esa entidad.
  Un conglomerado identificado con su espacio influye, afecta o controla acciones sobre un área geográfica específica. Defiende una región, ciudad, nación frente a una autoridad central, una acción divisionista por fuerzas internas en su territorio o defiende contra una amenaza exterior que afecta el acceso al territorio,  lo que puede asumirse como una acción de patriotismo o el nacionalismo.
  El sentido y la racionalidad humana previene la agresión y edificar el poder vinculado directo al territorio para ejercer dominación social para su defensa y actuar como contenedor espacial de hechos y actitudes que implican la relación geográfica, la preservación de la identidad histórica y la formación educativa para generar conductas defensiva ante el territorio que son construidas socialmente.
  En momentos en que el Estado-nación recupera su status ante la avasallante concepción neoliberal que intenta eliminarlo, la territorialidad cobra fuerza como eje de orientación de la formación ciudadana desde la cual debe ejercerse con conocimientos la administración de los espacios exclusivos desde una educación formativa de una soberanía cognitiva.
  Podemos caracterizar la territorialidad como: el desarrollo del hombre en su capacidad de explicar, organizar, aprovechar y defender una área geográfica delimitada para la satisfacción de necesidades básicas, identificando enemigos internos y externos en defensa de lo que considera su propiedad, su identidad, que con aberración al lugar, da origen al patriotismo en tiempos de emergencia ante amenaza o pérdida de lo apropiado y adecuadamente legislado, generando constantes conductas y acciones humanas para establecer control sobre un área geográfica específica: el territorio.
  Por esa razón, la territorialidad es un componente del orden social y la cultural, así como en la producción de mecanismos de defensa técnicos científicos en diversas escalas como para la defensa de una vivienda, una cuadra hasta el marco comunitario, regional y local. Incluso el Estado-Nación, el planeta, el universo.
No puede existir una defensa de la territorialidad sino hay un ejercicio de la soberanía, que es el uso del poder de mando  o del control político que se ejerce en distintas formas de asociación humana y que implica la existencia de algún tipo de gobierno independiente que se apoya en la racionalización jurídica del poder que se legitima, no en la fuerza, sino en la transformación de ella en poder legitimo.
  En los países latinoamericanos la soberanía ha sido el resultado de una lucha profunda por la causa independentista contra el poder arbitrario del gobierno de España y en el presente contra las arbitrariedades, ya sean económicas o militares, del imperialismo norteamericano. La apertura al ejercicio de la democracia participativa ha contribuido a la legitimación del poder político concediendo mayores soberanías a las personas en cuanto al ejercicio de sus derechos humanos en pie de igualdad articulado por la libertad política y el derecho.
  La soberanía se transfiere al pueblo haciendo la transformación social más dinámica y menos pasiva, los gobernantes y gobernados se fusionan para tomar decisiones sobre la defensa del territorio que puede ser vulneraba desde afuera. Pero a su vez se busca el reconocimiento de los estados vecinos del poder de mando indiscutible y existente para poder representarse el estado soberano buscando mayor arraigo adentro como afuera del territorio.
  El rescate de la soberanía comienza con el poder constituyente pasa por la legitimación de la noción del estado de derecho y continua con una serie de reivindicaciones diversas mediante transformaciones  económicas y sociales hasta acentuar la igualdad y la descolonización, el aumento de la cooperación hacia adentro y hacia afuera, por la interdependencia entre las naciones, resaltándose las comunidades, sus identidades, la democratización de los medios y los recursos hasta desplazarse al ámbito de la individualidad, justicia social, la plurietnia y el multiculturalismo.
  Por su parte la conciencia territorial expresa la medida en que es asumida entre los miembros de un grupo un territorio dado, este grupo en conjunto y la autoridad que lo dirige se identifican, mientras que la soberanía es el derecho que se ejercen los ciudadanos entre sí, su potestad de autogobernarse y administrar los recursos en un territorio determinado.
  Estas tres aristas deben ser componentes de una educación integral y ya existen algunos ejemplos que resaltan al patriotismo mediante la formación de valores para el desarrollo de la conciencia territorial, tomando en cuenta el contenido histórico comunitario del sujeto para que este genere transformaciones donde se desenvuelve desde los enfoques cívicos, latinoamericanistas y patrióticos.
Según el Colectivo de autores, la educación en civismo,  “… es la encargada de la instrucción del ciudadano y orientación de su práctica a partir de los deberes y derechos que el mismo posee en una comunidad histórico concreta, lo que actúa como reguladora de la convivencia ciudadana, fundamentada moral y legalmente". y su perfeccionamiento necesita de las invariantes que caracterizan el modo de actuación cívica, las cuales se erigen en los componentes del civismo, es decir, un sistema de valores que en calidad de reguladores integrales de la conducta, caracterizan el comportamiento y la actividad ciudadana en una sociedad determinada”.  
  Esta experiencia de formación cívica tiene como bases fundamentales el reconocimiento de los derechos, la responsabilidad cívica y la participación política, actuando estos factores como reguladores de la conducta social que se ha originado debido a un complejo proceso de identificación comunitaria y la nacionalidad donde los puntos de encuentros más significativos son la “comunidad histórica” y la convivencia ciudadana. A partir de esta formación ciudadana se visualizan los ejes de dominación y se interpreta el fenómeno de la participación dentro de la compleja realidad histórica cultural con miras a sentir el espacio comunitario como propio y diverso.
Según Chacón N., en La Formación de valores morales: retos y perspectivas, los valores tienen carácter histórico y como fenómeno histórico la moral, socialmente condicionada, está determinada por el conjunto de las relaciones sociales imperantes, lo que le imprime una orientación de carácter ideológico para la formación de una conciencia soberana con intereses comunes. Dice: …La esencia más profunda de la existencia de la moral, esta en la necesidad objetiva que históricamente, desde tiempos remotos, el hombre ha tenido de hacer coincidir el interés individual, personal, con el interés del grupo o social, en la conducta, para que los intereses de cada uno no sean un obstáculo en el logro de fines y objetivos comunes, más generales.  
  Esta correspondencia evidente entre lo histórico, lo moral y lo ideológico señala la necesidad de formar un ser social latinoamericano con identidad desde la educación auxiliada por diversas disciplinas. Ramos G. dice: “A partir de las potencialidades axiológicas del proceso docente-educativo, el maestro forma en sus alumnos un conjunto de valores. Una significativa contribución a este empeño lo constituyen, en su proceso de formación, las asignaturas y disciplinas de las esferas filosófica, pedagógica, psicológica, sociológica y, en general, todas aquellas que dan a su sistema de conocimientos una base axiológica fundamentada en el modelo de hombre que necesita la sociedad latinoamericana actual”.
  En su trabajo sostiene que la formación patriótica y latinoamericanista del maestro, dentro del complejo proceso de su preparación como profesional de la educación desde los años más tempranos, garantizan, mediante el ejercicio de la profesión, satisfacer las aspiraciones sociales como las personales del educador. Para ello enfatiza como guía los conceptos de:  
 1.- El latinoamericanismo y el patriotismo. Formación del maestro para los retos y desafíos ante las difíciles condiciones de un mundo unipolar, neoliberal. Estos valores son:
 a.- PATRIOTISMO  (sentimiento nacional). Aspecto de educación político-ideológica referido al desarrollo de sentimientos patrióticos y de una actitud de cuidado, conservación de sus conquistas y disposición de defensa.
 b.- LATINOAMERICANISMO (continentalidad). Sentimiento de     originalidad, autenticidad y autoctonía.  Concepción del vínculo entre unidad y diversidad cultural en la región.
  A partir de estos enfoques reuniendo la historia, la cultural e ideología, se plantea una búsqueda por unificar criterios con concepciones propicias para impulsar transformaciones desde el campo educativo con sentido multiétnico y pluricultural con un amplio reconocimiento a la diversidad latinoamericana, sin dejar a un lado las particularidades de los procesos históricos, tan significativo para acercarnos más a las similitudes de oriundez, analogía de costumbres, concordancia cultura, historia común, identidad lingüística y religiosa.
  En todos estos casos hay un acercamiento a los estudios de nuestra prehispanidad donde radica el fenómeno cultural en que se encuentran los valores en identidad histórico-social sobre territorialidad y soberanía.
  No se ha profundizado al respecto pero es allí donde nace el primitivo sentimiento o fuente nacional generadora de las acciones ideo-políticas, patrióticas y fuertes actitudes defensivas aborigen, que luego en la hispanidad, se siguen generando en los afrodescendientes y criollos – autonomistas.
  Todas ellas fueron impulsadas por la memoria histórica colectiva como un peso mortal contra el poder político de la península ibérica, al tener el claro horizonte de la territorialidad y lo significativo de decidir soberanamente, hasta el punto de haberse confeccionado un concepto independentista radical adverso a las culturas europea y anglosajona.
  En el transcurrir de esa proeza defensiva que ha permitido hasta el presente la permanencia de repúblicas, la diversidad cultural latinoamericana enfrenta, ahora, la existencia de los centros de poder imperialista y del condicionamiento socio-clasista de su cultura que le sirve de sustrato.  De nuevo surge la necesidad urgente de volver a reinterpretan su cultural, reconstruir su valores identitarios en actitud de defensa continental. Al respecto dijo Carpentier:
  No sé hasta qué punto los jóvenes latinoamericanos de hoy se complacen en el estudio sistemático, científico, de su propia historia. (…)Pero, piensen siempre -tengan siempre presente- que, en nuestro mundo, no basta con conocer a fondo la historia patria para cobrar una verdadera y auténtica conciencia latinoamericana. (…) De ahí que la historia de nuestra América haya de ser estudiada como una gran unidad, como la de un conjunto de células inseparables unas de otras, para acabar de entender realmente lo que somos, quiénes somos, y qué pape! es el que habremos do desempeñar en la realidad que nos circunda y dé un sentido a nuestros destinos. Decía José Martí en 1893, dos años antes de su muerte: “…ni el libro europeo, ni el libro yanki, nos darán la clave del enigma hispanoamericano” añadiendo más adelante: •Es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo. Y para entender ese pueblo -esos pueblos es preciso conocer su historia a fondo, añadiría yo.
  Esta importancia de la historia nos exige plantear dos interrogantes; ¿cómo  podemos extraer de la prehispanidad y la hispanidad la enseñanza de los valores de territorio y soberanía? ¿Cuáles son sus contenidos que podrán formar parte de una educación identitaria anticolonialista?
  Durante la prehispanidad la enseñanza se transmitía oralmente de generación en generación por sabios, maestros y padres, llegando a constituirse en los contenidos de la cosmogonía amerindia. Para extraer de ella los valores se aplica el uso del método de concordancia universal para el estudio de similitudes y diferencias entre culturas,  evitando caer en dificultades y contradicciones provenientes de la historiografía eurocentrista.  De esta manera, aislando los elementos coloniales del cristianismo, la investigación se aproxima a su riqueza valorativa y cosmogónica.  Esta posee tres dimensiones: el mundo inteligible, el mundo sensible y la necesidad.
 El mundo inteligible, que contempla:
 1º Plano: la relación cielo y tierra (padre y madre), dos territorio unitarios, relación intrínseca o unidad y forma en la cultural indígena prehispánica colombiana, en los siux, los piel rojas, los musulmanes, los incas y los mayas.
 2º Plano: el hombre y el cálculo, origen historia, presente y futuro, modelo original de las cosas de contenido intelectual con conocimiento lógico.
 3º Plano: la división del territorio o el circulo (eterno retorno) y los cuatros puntos cardinales:   norte (paraíso); sur (oscuridad), este (espiritualidad) y oeste (materialismo). Este círculo se rompe con acciones humanas a través de las cuales se pierde el valor, la paciencia, la generosidad y fidelidad al espíritu universal.  
 4º La vara, bastón o cetro para la fundación que une cielo y tierra.
 5.- El recuerdo  del Espíritu Universal que nos pide el encuentro y la tierra que nos exige fundirnos con ella, para lo cual se purifica nuestro territorio, el cuerpo y el corazón para unirse al espíritu universal, mediante la plegaria muda, La invocación y el peregrinaje.
 7.- La era de piedra como pérdida del equilibrio.
  El equilibrio es la raíz fundamental de la enseñanza en las culturas identitarias. Significa en su riqueza idiomática: concordancia, unida, equidad, convergencia. Es la concepción para vivir en comunidad, (unidad de comunes),  de unir el macro y el micro bajo la ley del mundo inteligible, regido por el espíritu universal creador del territorio universal que le otorgo una soberanía limitada al ser humano,  el cual debe obedecer en igualdad de condiciones.
  La concepción del equilibrio en las diversas culturas maya, inca, la Siux, Pieles Rojas (ambas en historia oral) e indígenas del Cauca, se transfiere a todos los planos nutriendo la enseñanza, la práctica de la justicia y estabilidad social. Ningún hombre puede oprimir a otro hombre porque se rompe el equilibro entre el bien y el mal. El hombre y su grupo se vinculan con la naturaleza en constante equilibrio. El límite está bajo la ley del equilibrio que regula el Cielo y el hombre por cuatro elementos: tierra, agua, fuego, aire, fuerzas inalcanzables que producen abundancia y son respetados por el hombre.
  Del respeto hacia lo no creado por el hombre nace la solidaridad hacia los animales, la flora y el reconocimiento de los seres inanimados. El compartir es el punto crucial en que se forma la concepción de la territorialidad en la que el hombre como regente calculador del tiempo defiende el contenido del territorio, de la madre tierra, su mundo sensible y suprasensible en perfecta participación armónica y analógica de relaciones con sus semejantes. De lo contrario, se afectará la vida planetaria y los territorios del resto de la especie humana quedarían a merced de sus diferencias. Para no caer en “el endurecimiento del corazón”, busca mantenerse en el oriente, en donde la sabiduría no permite agudizar las diferencias entre los hombres. Manco Capac decía:
  “Cuando el mal penetra en el corazón del hombre, este pierde su alma, entonces comienza a coronarse con sus propias leyes y caprichos como en las tablas de un ataud. Se siente el dios del mundo, el amo, el iluminado, el ángel devastador. Es cruel y le gusta la violencia, gobernar a los demás comenzará con la carnicería más grande del mundo. Es la revolución de los desgraciados, de los usurpadores, de los invasores y de los intrusos; es la revolución de los homicidas, cuyos fines justifican los medios. Debeis estar alertas hijitos míos para no veros sorprendido y para no caer en las garras de la bestia sin alma y sin Dios. En verdad, tales no tendrán piedad ni aún de los justos ni de los sabios. El mundo está lleno de fieras que están buscando a quien devorar.
  En esta cita la valoración del territorio y la soberanía están demarcados por dos dimensiones: el universo como infinito expresión del espíritu universal y la tierra como expresión finita del beneficio, este equilibrio se rompe cuando en la dimensión de la necesidad humana se pierde el sentido de la provisión.
Lejos de las extremas concepciones racionalistas y materialistas, Manco Capac entendía que el hombre como regente de los recursos no puede alcanzar administrar los designios del espíritu universal rompiendo el equilibrio cósmico con la madre tierra. Más adelante se refiere a la igualdad, dice: “Toda la tierra se estremece cuando la luz baña a sus criaturas”.
 Es desde esta cosmogonía de las identidades culturales tradicionales ricas en simbolismo desde la cual la territorialidad y soberanía eran ejercidas por el aborigen aprovechando equilibradamente los recursos naturales. La libertad y la supervivencia planetaria era marcada con la vara, bastón o cetro fundacional  o acta de corresponsabilidad entre el aprovechamiento armónico de los recursos por su comunidad y el daño que se le pueda ocasionar a la tierra por abuso de dominio sobre ella sin haber razonado antes sobre la naturaleza de sus calamidades y vicisitudes.
  Es la equidad, el amor, el respeto a la naturaleza donde radica la defensa y el ejercicio de la soberanía y estos factores son los que garantizan el encuentro con el espíritu universal.
Así como la valentía guarda un equilibrio con los sentimientos de miedo, las teorías no son necesarias si no se equilibran con la práctica. La enseñanza aborigen se centraba en la manera sencilla de vivir en armonía sustituyendo las diferencias por la convergencia entre los hombres. El indígena no temía al español sino sintió temor por la pérdida de su sabiduría y llamó al dialogo para conversar la importancia de equilibrarse con el planeta. El desequilibrio que trajo consigo la resistencia aborigen, su despoblamiento, se origina por esta dualidad valorativa (territorialidad y soberanía) agredida por la falta de conciencia del colonizador que no logró entender, (sino más tarde cuando se agota el oro y la plata), la importancia de su cosmogonía.
  Sobre la educación dialógica sostuvo Nayrem: “Mientras los amautas, los maestros y los padres, preparaban al niño desde pequeño y le enseñaban todos los conocimientos (oficios y agricultura) aprendían a valerse por sí mismos. Los maestros no educaban a los niños con la disciplina y la política o con las teorías, o como maestros psicólogos, o cierto sistema de lavado cerebral. Los maestros dialogaban con ellos y los orientaban con amor y con todas las atenciones del caso. No les exigían, no los maltrataban. No les gritaban y menos podían causarles daños, para evitar traumas o sistemas aglutinantes, los niños eran hijos de la madre tierra”.  
  El dialogo mediaba la enseñanza de los valores identitarios. Hacia los jóvenes era la conversación persuasiva con tolerancia. Una educación orientada por las tres dimensiones en todas las culturas prehispánicas dando origen a una riqueza en valores que los conquistadores no entendieron, pero que garantizaban su libertad y supervivencia en el planeta.
  Al referirse Miguel León Portilla a la Filosofía Náhuatl, sostiene: "En el pensamiento cosmológico náhuatl encontraremos, más aun que en sus ideas acerca del hombre, innumerables mitos. Pero hallaremos también en él profundos atisbos de validez universal. De igual manera que Heráclito con sus mitos del fuego inextinguible y de la guerra 'padre de todas las cosas', o que Aristóteles con su afirmación del motor inmóvil que atrae, despertando el amor con todo lo que existe, así también los sabios indígenas sacerdotes náhuatles, tlamatinime, tratando de comprender el origen temporal del mundo y su posición cardinal en el espacio, forjaron toda una serie de concepciones de rico simbolismo”.
  Por su parte, la cultura milenaria aymara-qhichwa considera su territorio como una parte de la totalidad del cosmos, conviviendo con la naturaleza y con sus semejantes sin haber cultivado el ego de considerarse "los reyes de la creación". A diferencia del conquistador, su pensamiento soberano es natural sin perder la concepción de la divinidad. El aborigen en la valoración de su territorio tiene plena conciencia del entorno micro y macro. No es dueño. El dueño de algo es quien crea ese algo. Quien lo engendra. Quien tiene la semilla. El español rompió la visión del equilibrio del indígena. Nadie es soberano en la tierra porque nadie la engendró. El creador tendría que plantar otra tierra si el hombre la destruyese, porque lo natural no lo crea el hombre, pero también hay cosas de las que no hay semilla y que el hombre no la puede crear. Cualquiera puede plantar maíz pero nadie puede crear la semilla.
  Una visión similar sostuvo Sealth, N. quien dijo: ¿Que seria del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; Porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado. Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco.
En esta carta el piel roja demuestra sabiduría, humildad y sentido igualitario ante el gran vacío espiritual del hombre blanco anglosajón, arrogante y ambicioso, sin sentido de responsabilidad ante el planeta. Presencia de este arsenal valorativo de la territorialidad y la soberanía persiste en nuestros días en la diversidad cultural americana contrarrestando el mestizaje, la transculturación, el desarraigo, despoblamiento y los avances tecnológicos de la cultural industrial mediática que intenta borrar sus estereotipos cosmogónicos originarios.
  Subero E. afirmó que buscamos alcanzar nuestra propia expresión sin buscar el fondo de nuestra historia: “Que hemos gastado cuatrocientos años  de nuestra vida, no solo en crear una nacionalidad de orden social, sino que alcanzada la soberanía política, estamos a la búsqueda de una expresión propia para esa soberanía. Lo que indica claramente que no es suficiente la soberanía política para la sobrevivencia de un pueblo. Que necesariamente un pueblo tiene que sobrevivir y sobrevivirá cuando llegue al alcanzar su propia expresión, porque de lo contrario vive en un permanente colonialismo cultural”  
  Adaptados a los fines de la educación bolivariana, estos valores referidos tendrán un reencuentro con esa cosmogonía necesaria para una búsqueda de libertad cognitiva, contextualizante. Pero es la voluntad del hombre americano entrar en “el salón de los espejos” para mirarse desde su presente y recobrar su memoria. Habrá cumplido con el requisito universal de fundirse con la sabiduría de sus antepasados.  
  Esta valoración de la territorialidad y la soberanía fue lucubrando desde la resistencia aborigen (¿o holocausto?)  hasta hacerse presente en las luchas independentistas latinoamericanas (Venezuela, Colombia, Río de la Plata y México, entre otros).  La resistencia aborigen había marcado un precedente que luego sería utilizado por los criollos españoles contra sus padres peninsulares para romper las cadenas de España. Desde los marcados movimientos autonomistas se encamino una lucha por la territorialidad latinoamericana y una sed de ejercer soberanía hasta hacer parir el concepto de la independencia americana más radical de la humanidad no sin pasar por varios ensayos:
  Valoración de lo local hacia lo nacional: pensamiento y acción autonomista de grupos pseudos tolerantes que no  estaban contra el Rey de España pero que maquinaban silenciosamente contra él con cierta ayuda extranjera que no convencían al pueblo.
  Valoración de lo nacional con espontaneidad: en movimientos diversos de grupos político-militares con ideales de libertad continental y actitudes intransigentes contra el Rey, los criollos y los peninsulares.
  Valoración del nacionalismo americano: pensamiento y acción militar hacia una unidad absoluta una vez entendida, sellando un movimiento autóctono continental derivado de las propias entrañas de los pueblos latinoamericanos.
  Valoración de la Independencia absoluta: principio de lucha continental, intransigente constituido por milicianos, estudiantes, artesanos y gremios que buscaba generar un trauma profundo al imperio español.
  Valoración de la emancipación absoluta: punto culminante del espíritu patriótico postindependentista impulsado por el sentimiento de defensa hacia el territorio continental y la expresa madurez política e ideológica para ejercer soberanía mediante la concepción de república.
  Las causas históricas del triunfo de la independencia no se encuentran en sus complementos, ni en el exterior ni en el comercio ni en la ayuda internacional sino en el espíritu insurrecto y voluntarista (de héroes y heroínas)  con apego a lo propio y por el deseo moral de erradicar el abuso colonialista contra los recursos y cuyas fuerzas indígena, negra esclava, criolla, mestiza y pardos, se habían transferido en el lapso de 300 años. Al referirnos al concepto de independencia: “Independizarse de imperios que tenían su origen en la concepción autoritaria de Roma, la madre del fascismo y la prepotencia, era como profanar lo más augusto de los tronos en que descansa la arrogancia del viejo mundo. (…) La Enciclopedia Suma de las obras francesas del siglo de las Luces se dio ésta definición: Independencia, la piedra filosofal del orgullo humano; la quimera tras la cual corre ciego el amor propio.   El término que los hombres se proponen alcanzar, sin lograrlo jamás”. Todo esto lo atropello la América revolucionaria y donde la contradicción aparece más violenta y atrevida  es en ese mundo de Bolívar, subyugado hasta entonces por la más ortodoxa doctrina imperial”.
  Pocos latinoamericanos han reflexionado sobre la figura de un adolescente que un día cuando el sol romano se ocultaba, estaba condenando en el Monte Sacro, el pensamiento occidental el cual…”había dado para todo menos para la causa de la humanidad”. . Hoy, olvidado los valores de nuestra identidad histórica social, poco se reflexiona sobre el sentido intransigente y sin vacilaciones de “inventar o errar”; cuyo profundo significado se centra en reprimir, en nosotros, el deseo de copiar modelos, inventando lo que fuere para salir del occidentalismo y construir originales repúblicas. La concepción independentista es tan radical que Bolívar envía a los pueblos de América este mensaje:
  “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse”…
Buscando una Constitución para las repúblicas bolivarianas dice: “¿No sería muy difícil aplicar a España el Código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? Pues aún es más difícil adoptar en Venezuela las Leyes del Norte de América. ¿No dice el espíritu de las leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿Qué es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra?¿Que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos? ¿Referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el código que deberíamos consultar y no el de Washington!”  
  Poco tiempo antes de morir, Bolívar mantiene una intransigente y radical posición en defensa del territorio y la soberanía al advertirle a la geopolítica expansiva de los Estados Unidos de su época: “Es preferible para América adoptar El Corán que el gobierno de los Estados Unidos, aunque este sea el mejor del mundo” .
  En la conciencia bolivariana el espíritu de defensa no acepta equívocos. Si se quiere adoptar el gobierno y la constitución de los Estados Unidos y no queda otra posibilidad, entonces El Corán es preferible antes de perder los territorios americanos y su soberanía. Es preferible la legislación coránica ante que la expansión imperialista norteamericana. Sin desconocer la lucha colonialista de otros pueblos y la cultura Al Andalus de la España islámica (711-1492) que había hecho presencia en América, busca las similitudes en la identidad histórica para fundamentar la continuidad de los estados nacionales postindependentistas.
  Esta fue la educación anticolonialista e intransigente recibida por los patriotas para la defensa nacional, siendo Bolívar el autor de su aplicación práctica cuya vigencia, desde la visión de la historia actual puede resumirse de la siguiente manera:
 -Los valores de identidad histórico social es una estructura de sostén del si mismo, del ser latinoamericano, y tienen una fuerza continua que a su vez, sustenta el proceso de conformación de la familia, de la etnia, de su nación, sea esta local o regional.
 -El concepto de nación como sostén del proceso de formación del individuo, de su familia y de su etnia, como “comunidad histórica”, tienen una interrelación general con la evolución del pensamiento latinoamericano desde los primeros pobladores americanos hasta el presente.
 -Hubo el aprendizaje de los valores en identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía, durante los períodos prehispánicos e hispánicos, que potenciaron el proceso transformador e integral del ser con el hacer hasta el presente, lo cual se evidencia en las actuales reacciones populares en contra de la agresividad imperialista.
 - La formación de valores en identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía pueden contrarrestar las tendencias o modelos culturales llamados “únicos” cuyos propósitos son similares a los ejes colonizadores antiguos.
  Se presume una formación latinoamericana para la vida, en el pensar, sentir, valorar, actuar, creer, amar, identificado con su entorno.
 Concepción, criterios y contextualización de la estrategia docente
  La estrategia docente para contribuir en la formación de valores en identidad histórica social sobre territorialidad y soberanía sustentada en una concepción latinoamericana del hombre a formar con enfoque anticolonialista desde el proceso de enseñanza - aprendizaje, participativo, protagónico, dialógico y desarrollador, persigue el papel rector en la formación de la personalidad de un sujeto cooperador y para la defensa y la autodeterminación de los pueblos partiendo de las necesidades de los estudiantes y de la limitaciones de los docentes del PNFE, en el cual se integra varias unidades curriculares sin tener una transversalidad con la valoración de la territorialidad y la soberanía como factores de identidad histórico social imprescindible para el modelo educativo bolivariano.
  Es desde este programa cuyos fundamentos comienzan a gestarse las influencias formativas y en donde la formación de valores de identidad histórico-social sobre territorialidad y soberanía cobra importancia.
Al respecto ya se cuenta con ciertas experiencias para el desarrollo de cualidades y habilidades profesionales para la formación de valores. Chacón A. N. propone la trilogía de valores basada en la moralidad histórica del pueblo cubano como son: la dignidad humana, la solidaridad, la intransigencia e intolerancia ante la dominación extranjera. Dicha trilogía descansa sobre una base cultural, politécnica, laboral y de los sentimientos, con un fundamento científico y dialéctico adaptable a las exigencias del resto de las sociedades latinoamericanas porque no hay diferencias significativas entre el pasado cubano y el resto de nuestros pueblos de tierra firme cuando el común denominador de nuestra historia es el mismo agresor imperialista.
  A partir de entonces, se establecen los siguientes criterios que bajo el enfoque dialéctico: colonialismo y anticolonialismo, orientarán la estrategia:
 1.- La indagación histórica permitirá responder cómo los centros históricos de poder han desarrollado una cultura de dominación desde épocas coloniales así como el inicio y evolución del proceso histórico emancipador de los pueblos.
 2.- Para profundizar el conocimiento de valores en identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía se requiere como auxiliar la geografía para el estudio de la cartografía latinoamericana, la cual permite visualizar ubicación y organización de los territorios y otros aspectos.
 3.- El planteamiento de la independencia absoluta frente a la colonización cultural de la América constituye una vía para entender cómo ha sido la búsqueda y defensa de las raíces, de la reconstrucción de lo propio, de la interpretación del fenómeno de la identidad cultural como resultado de un proceso ininterrumpido en el que se da la relación entre colonizadores y dominados.
 4.- La concepción anticolonialista orientará el conjunto de elementos teóricos, prácticos y actitudinales donde se concretarán las acciones docentes para llevar a cabo el proceso educativo en valores de identidad histórico social sobre territorio y soberanía.
 5.- Supone para su concreción, el perfil de un docente protagónico que cambie el  sentido de la tarea educativa, en sus concepciones y actitudes hacia el hecho formativo en valores, donde la actividad y la comunicación es imprescindible para el intercambio de ideas, conceptos e informaciones así como formas de relación afectivo- valorativas (actitudes, valores, sentimientos e intereses.
 6.- En la etapa de planificación en el proceso docente se conciben, proyectan y elaboran los objetivos, contenidos, métodos, tareas, medios, así como la forma que se llevará a cabo el control y la evaluación del proceso, con aspectos no acabados ni rígidos, con una revisión constante para su enriquecimiento mediante nuevos aportes de conocimientos así como las modificaciones tanto por el profesor como por sugerencias de los estudiantes.
  Como es el objetivo principal de la Estrategia es contribuir a la formación de valores de identidad histórico social sobre territorio y soberanía, se pretende incidir, desde el criterio de la posibilidad de cambio y la confianza, en la sustitución de contravalores que limiten el aprendizaje de los contenidos de la estrategia.
Para ello formulamos dos estrategias metodológicas, una para los estudiantes y otra para los profesores:
  Para los estudiantes:
 1.- Exigencias variadas y diferentes para cada alumno.
 2.- Motivar para superar el desagrado de aprender de nuestra historia.
 3.- Impedir acciones impositivas y autoritarias que provoquen tarde o temprano reacciones naturales de rechazo, sumisión o dependencia.
 4.- Escoger métodos que enfoque los argumentos históricos  comprensibles.
 5.- Predicar y dar ejemplo de lo que predica con su labor diaria y como un modelo a seguir pero no exigirla al estudiante porque será difícil asimilarlo.
 6.- Dar al estudiante liberta de comprometerse con un tema que le agrade y ayudarlo a comprenderlo para que no se forme prejuicios y experiencias negativas acerca del conocimiento que se descubre o se intenta comprender.
 7.- Persuadir para que el sujeto participe consciente y active su deseo de realizar una actividad que tenga un significado para sí y para desarrollar su tema elegido.
 8.- Mantener un dialogo abierto colaborativo, franco, respetuoso.
  Para los profesores:
 1.- Establecer interrogantes e invitar a los estudiantes a construir otras en grupo o individual como: ¿Qué debemos saber de nuestros antepasados americanos? ¿Qué sabían y que hacían? ¿Qué valores orientaban sus metas, la conformación de sus sociedades y naciones? ¿Qué imagen del mundo tenían  y cómo educaban para lograr su mundo ideal?
 2.- El método o los métodos deben orientarse en tres planos fundamentales: a) Pedir a los alumnos: comparar los diversos modelos de sociedades por las que han transcurridos nuestros países latinoamericanos y los cambios ocurridos en los territorios y en el ejercicio de la soberanía; b) auxiliarlos en la reconstrucción de hechos históricos como medio para entender las diversas transformaciones de nuestro pasado; c) enseñar los diversos períodos de dominación y etapas de emancipación mediante la revisión crítica documental, tanto de origen prehispánico como hispánico.
 3.- Debe incluir actividades investigativas, en grupo o individual, dentro o fuera de clases para desentrañar la amplia gama de valores que contienen nuestras historias locales y regionales de América, así como los conocimientos y habilidades que pueblos latinoamericanos desarrollaron desde tiempos remotos.
 4.- Estimular y motivar hacia el conocimiento de los mapas de América para que de lectura a la riqueza geofísica y se despierte en él el sentido de la pertinencia, hacia la formación de su conciencia territorial, ubicando cada cosmogonía aborigen, su ciencia, artes, música, arquitectura, influencias positivas de otras culturas, entre otras.
 5.- Utilizar para ello, narraciones, video conferencias, seminarios, trabajos de investigación, análisis de biografías de héroes y mártires, debates y discusiones de materiales de la prensa o de la televisión, visitas a museos, así como encuentro con personalidades destacadas, etnias y otras culturas lo más cercanas posibles a su entorno social.
 6.- En cada actividad poner en práctica una forma de actuar correcta y en la que cada estudiante participe acorde con sus posibilidades reales, hacer que el trabajo elegido se convierta en fuente de vivencias tanto individuales como colectivas y que se relacionen con alguna vivencia tenida.
 7.- Desarrollar o inventar juegos y actividades lúdicas para desarrollar la memoria e inteligencia, en donde se describa o manifieste la riqueza cultural y la manifestación de los valores referidos.
 8.- Impulsar inventivas organizacionales como brigadas de estudio o de producción escrita sobre un aspecto, exploradores de lugares históricos, grupos de encuentros, espacios para exposiciones fotográficas, cines club y en general, lograr en todas las actividades que se realicen actuaciones sistemática y positiva de los estudiantes que pueden destinarse para la comunidad.
  Elementos para la Evaluación:
 1) El estímulo para el trabajo en grupo o individual.
 2) Los logros y deficiencias para ejecutar las tareas.
 3) Tomar en cuenta las diferencias individuales, las regionales, las locales.
 4) El amor a las actividades y sus ideas.
 5) La participación y protagonismo en cada acción del estudiante.
 6) La situación o situaciones favorables para lograr o mantener la afectividad en las clases teóricas o prácticas.
 7) La comprensión y razonamiento de los contenidos de las clases con las relaciones directas que vive a diario.
 8) Las formas de indagación, la comprensión de los conceptos para el desarrollo del intelecto y los tipos de sentimientos.
 9) Hábitos, normas y valores y como se interpretan estos en la historia.
 10) El cómo integra los contenidos teóricos y practicos.
 11) Sus preferencias y rechazos hacia los personajes de nuestra historia: conocimientos, actitudes, entre otras.
 12.- Su interacción con otros maestros, alumnos, escuela, comunidades, organizaciones sociales.
 13.- Cómo interiorizan y exteriorizan los estudiantes en forma individual o colectiva, las clases teóricas con la experiencia vivida.
 14.- La valoración de las normas, hábitos de su mundo de hoy y si existe una relación entre ellos y los encontrados en los argumentos indagados por los estudios históricos.
  Partiendo del análisis del contexto histórico social la aplicación de la estrategia cuenta con la ventaja de la interacción que tiene el Programa Nacional de Formación de Educadores con las comunidades donde las aldeas universitarias así como las sedes de la Universidad Bolivariana de Venezuela constituyen los espacios destinados a la formación en continua discusión e interacción dialéctica con la problemática continental y el imperialismo.
  Como la intención de la estrategia es asumir el aprendizaje desde la práctica en cada momento de la vida profesional del docente en formación que garantice la funcionalidad de los saberes y haceres configurados desde su propia realidad donde se representa la esencia de su historia y su cultura, se espera la manifestación de formas de expresión emergentes  y defensivas ante la adversidad representada por la potencia imperialista y en concordancia con la exigencia del marco de necesidades planteada por el gobierno revolucionario, las fuerzas armadas y las organizaciones populares.
  Si existe la enseñanza de valores en identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía, con enfoque contradictorio entre colonización y anticolonización desde la educación bolivariana municipalizada que recibe un sujeto actuante, espectador de la realidad venezolana y latinoamericana, se presenta una posición subjetiva para ser aceptados y comprendidos los principios concebidos por la estrategia.
  Desde este contexto, la concepción del hombre latinoamericano podrá orientar el proceso de enseñanza como proceso de socialización en el que el estudiante se inserta como objeto y sujeto de su aprendizaje en función de complementar en él, en su interior, los valores de resistencia emancipación para asumir una posición activa, defensiva y responsable ante la soberanía, solidario y participativo guardián de la dignidad humana, desarrollando potencialidades con intereses bien definidos con la sociedad y con la territorialidad.
 Caracterización y resultados de los contenidos de la estrategia
  Siendo la estrategia docente un conjunto de elementos teóricos, prácticos donde se concretan las acciones de enseñanza aprendizaje, su materialización en el diseño curricular permitirá el crecimiento del rol protagónico en el estudiante, por lo que se requiere un cambio en el docente con respecto a la concepción que orientará las actividades educativas para generar las actitudes que se esperan. El docente contribuirá al desarrollo de actitudes, valores, sentimientos e intereses, mediante el intercambio de ideas, conceptos e informaciones que se obtiene por las relaciones afectivas - valorativas a raíz de la actividad y la comunicación. Con respecto a la comunicación afirma Kaplún:
  “Educarse es involucrarse en un proceso de múltiples flujos comunicativos. Un sistema será tanto o más educativo cuanto más rica sea la trama de interacciones comunicacionales que sepa abrir y poner a disposición de los educandos.”  
  De esta forma se llevara a cabo los objetivos, contenidos, métodos, tareas, medios, así como el control y la evaluación del proceso con aspectos no acabados ni rígidos sino flexibles, no acabada por ser abierta a la retroalimentación entre profesores y por las sugerencias de los estudiantes en las actividades.
Las actividades:
  Primera actividad. Esta se inicia con el fin de despertar las actitudes bajo un clima agradable que permita elevar la confianza entre las individualidades, grupos y subgrupos. En forma grupal, la presentación de los estudiantes y el docente, con técnicas a utilizar permitirá el intercambio de intereses, necesidades, motivaciones, pareceres, diferencias de opiniones, posturas, etc.
  Expectativas y aspiraciones se  pueden determinar en esta primera actividad por parte del docente para enriquecer la información y  poder seguir innovando técnicas para el desarrollo continuo de las clases, de manera que el docente pueda seguir innovando creativamente técnicas para el desarrollo de las clases.
Segunda actividad.- Los estudiantes asumirán su papel protagónico desde su propia formación revelando sus actitudes. Se introducen los estudiantes en una dinámica que les permitirá con sus intereses y necesidades hacer propuestas y generar actividades, modificando lo modificable pero uniendo su compromiso personal con el cumplimiento de los objetivos de la estrategia.
  Actividad final.- Comprende la técnica de recolección de la información identificando los logros, las deficiencias y las recomendaciones para mejorar lo que hay que mejorar. ¿Se cumplieron las expectativas? ¿Qué haremos con los objetivos que no se cumplieron? ¿Con que criterios vamos a evaluar a los estudiantes, sus sentimientos, satisfacciones e insatisfacciones? ¿Cuáles son sus aportes y deficiencias? Con esto se propone una evaluación abierta posible de formular nuevos objetivos para obtener nuevos logros en los aspectos cognitivos, formativo y profesional.
  Otros objetivos que se pueden alcanzar es el de la autorregulación, autonomía, cooperación y sentido de integridad para el perfeccionamiento de los objetivos o temáticas seleccionadas.
  Al seleccionar los contenidos, en función de los objetivos, es de vital importancia vincular los mismos con la profesión y sus aspectos éticos, dejando libertad para incluir nuevos temas sugeridos por parte de los estudiantes.
Planificación de los objetivos:
  El profesor debe planificar este aspecto dando importancia a la participación del estudiante para abrirle posibilidades de su intervención en la formulación a partir de la cual se propongan alcanzar los logros tanto en el plano cognitivo como en el formativo, dando importancia a su formación como profesional. De manera que estos objetivos se formulen de acuerdo a la tarea en la que estarán involucrados los intereses de los estudiantes o del grupo. Esta forma activa y hace creadora la labor transformadora desde la personalidad del estudiante sustituyendo su condición pasiva a la activa de su aprendizaje.
Planificación de las tareas docentes.
  Las tareas deben planificarse de acuerdo a los intereses y posturas de los estudiantes de manera que  puedan desarrollarse los valores contemplados en la estrategia.
  En cada actividad docente se le pedirá a los estudiante actuar en forma correcta tomando en cuenta las posibilidades del estudiante pero exigiéndole elegir un trabajo desde una experiencia previa que traerán a clases y estará relacionado con los valores (históricos sociales, la territorialidad o la soberanía), pero desde un tema que le agrade y se sienta comprometido pero orientando la búsqueda de su solución para que no obtenga experiencias negativas y termine abandonado dicho tema. Hay que enseñar la aventura de investigar desde las tendencias individuales donde hay marcadas preferencias, sentimientos, intereses para poder desarrollar en el estudiante, su rol protagónico, sus sentimientos locales, regionales o nacionales donde tengan que esforzarse, buscando conocimiento y solucionando cada situación rodeado de la situación afectiva del docente para facilitar la asimilación como algo propio del estudiante. Los conocimientos históricos y el sentido de la pertenencia se van desarrollando cobrando significado y valorando la o las respuestas más convenientes para generar sus propias acciones.
  El docente debe persuadir para una participación consciente, activando en el estudiante el deseo de realizar una actividad que tenga un significado para sí para el tema elegido y que pueda generar un cambio de actitud pasivita y de transformación de condiciones en el entorno.
  El docente estará comprometido a mantener un dialogo abierto colaborativo, franco, respetuoso. El ejemplo personal diario para que sus ejemplos sean aceptados goce de aceptación los contenidos de la estrategia.
 - Planificación de los métodos a utilizar
  Los métodos fundamentales son de la enseñanza dialógica y participativa, sin imposiciones con trabajos grupales e individuales.
  El método o los métodos, generalmente dialecticos, deben orientarse en tres planos fundamentales: los dirigidos a la historia como medio para entender las diversas transformaciones de nuestro pasado; las diversas periodizaciones para explicar la aparición de valores y, el desarrollo de las diversas cultural prehispánicas e hispanas, comparando los diversos modelos de sociedades por las que han transcurridos nuestros países latinoamericanos y extrayendo de ellas sus caracterizaciones identitarias bajo la dirección del docente, ya que “la identidad comienza a manifestarse en el momento en que nos percatamos de las diferencias”.  Ella “es igual al ser nacional y su imagen, sus tradiciones, su historia, raíces comunes, formas de vida, motivaciones, creencias, valores, costumbres, actitudes, conciencia de mismidad”.  Y esta contenida en el aspecto territorial “así como la conciencia histórica en que se piensa su ser social en tanto tal, incluye la auténtica realización humana y las posibilidades de originalidad y creación”.
  En esta dirección pueden ser utilizadas narraciones, conferencias, seminarios, trabajos de investigación, análisis de biografías de héroes y mártires, debates y discusiones de materiales de la prensa o de la televisión, visitas a museos, así como encuentro con personalidades destacadas, lo más cercanas posibles a su entorno social.
Pueden desarrollarse juegos que tenga relación intrínseca con los valores de identidad históricosocial. También se puede dar impulso a inventivas organizacionales como brigadas de estudio o de producción escrita sobre un aspecto, explorar con expediciones los lugares históricos, grupos de encuentros, espacios para exposiciones fotográficas y en general lograr en todas las actividades que se realicen actuaciones sistemática y positivas de los estudiantes que pueden destinarse para la comunidad.
 PLANIFICACIÓN DEL CONTROL Y LA EVALUACIÓN.
  Se planificarán diversas formas de control como: autoevaluación, evaluación grupal, la participación activa. La evaluación no punitiva y de apertura a la reflexión y al debate.
  La propuesta deberá ejecutarse en el aula para que el docente ponga a prueba sus conocimientos, habilidades y creatividad para desarrollar lo planificado, como ya dijimos, siendo receptivo con los intereses y necesidades del estudiante el cual debe desenvolverse en un clima agradable, de intercambio, confianza y de comunicación entre todos los participantes.
  Para la comprobación de los resultados, debe darse importancia al diagnóstico inicial y final de los valores trabajados sin olvidar los resultados de la retroalimentación. El docente debe ser capaz de informar sobre los contenidos y exigir participación estableciendo las relaciones en cada caso que exijan los contenidos en correspondencia directa con lo que vive a diario; solo así tendrá significación y valor para sí. Partiendo de la tradición del pensamiento, (Teresita Miranda Lena, 1988) y de la propia práctica pedagógica del país como fuente principal de este proceso, así como el desarrollo del intelecto y la formación de sentimientos.
  En la conducción de este proceso de formación de valores de identidad históricosocial, el docente puede utilizar el estímulo y la sanción individual o colectiva en función del error cometido o de la tarea no realizada, con el objetivo de lograr obtener lo esperado. Atendiendo a cada caso, pero dejando abierta la posibilidad de cambio y la confianza de que se puede lograr.
  Se procede a la ejecución una vez abierta las posibilidades de realizar las acciones de la estrategia docente. El docente deberá poner en ejecución en el aula, sus conocimientos, habilidades y creatividad para desarrollar de la mayor manera lo planificado haciendo énfasis en los intereses y necesidades de los estudiantes. Estos pasos de ejecución son:
 1.- Paso: la sesión inicial de trabajo con los estudiantes se realiza intercambiando impresiones  agradables entre docente – alumnos.
 2.- Crear un clima agradable e intercambiar ideas para generar confianza.
 3.- Lograr una abierta comunicación con respeto y simpatía entre todos los participantes para facilitar el proceso de aprendizaje de valores. Y un mejor trabajo docente.
  Siendo nueva esta estrategia, podrán aparecer resistencia a cambios por parte de los estudiantes, el docente deberá prever los posibles errores o desorientación de la metodología fijada para su aplicación en donde deberá aplicarse análisis sistémicos con miras a ir adecuando lo planificado a la realidad, de manera que los contenidos de la estrategias se regulen entre estudiantes y profesores.
  Los resultados que se esperan parte del proceso de enseñanza-aprendizaje centrado en n proceso unitario entre teoría y práctica planificado, ejecutado y controlado (L.S. Vigotsky) que enfatiza la adquisición de conocimientos y apropiación de la cultura, permite señalar la importancia y validez de los procesos comunicacionales entre sociedad, educación institucionalizada superior. Las diversas actividades acondicionan al sujeto al aprendizaje en el seno de su contexto. Los contenidos del aprendizaje se identifican con el pasado del sujeto y con la actividad social que realice. Individual o colectivo, el aprendizaje es comprendido desde el campo histórico social apropiándose de conocimientos y desarrollando habilidades en interacción con la comunidad y su pasado.
  Desde su presente dialéctico, el aprendizaje permite que el sujeto se relacione con los contenidos asimilados donde se encuentran referidas las culturas de su continente. Estudia condiciones y experiencias acumuladas por la humanidad.
  El sujeto que aprende los contenidos de la estrategia se transforma cuando entiende su historia y compara las realidades y los hechos que pasaron, entendiendo mediante la construcción y reconstrucción de su  pasado con la realidad objetiva reestructurando su mapa mental pudiendo sustituir valores del colonialismo y convertirse en agente de cambio al reconocer que tiene un reservorio moral en su cultura.
  Es posible que aparezcan en el sujeto que aprende, mediante el estudio y comprensión de las civilizaciones prehispánicas, elementos afectivos hacia una cultura. Es abstractivo descubrir civilizaciones antiguas en América porque despierta la curiosidad, la interrogante y el interés por lo desconocido. Se pueden generar conductas con apego a la civilización de los mayas, azteca, entre otras. Es un proceso de apreciación de una realidad debido a que los métodos a utilizar pueden impactar en el sujeto y abstraerlo a uno o varios aspectos.
  En el estudio de las manifestaciones artísticas de los aborígenes, debido al uso de colores fotocromáticos y variedades de formas y texturas, la abstracción es mayor pudiendo motivar el aprendizaje al desarrollo de los aspectos cognitivos y afectivos relacionados con los valores artísticos desde el cual el sujeto pueda desarrollar una tendencia.
   En el estudio de la territorialidad, se pueden aprovechar las potencialidades de lecturas de los mapas al crearse diversas técnicas de memorización o intereses geofísicos, gestos de empatía hacia el estudio de la naturaleza, el relieve u otro tema de interés dirigido por el docente.
  El proceso de enseñanza aprendizaje puede también generar las ideas de reconstruir historias personales o de grupos, por la relación que hay entre la comunidad, su historia y su cultura. Se va formando la conciencia del territorio en la medida en que el sujeto construye el conocimiento desde su contexto, su cultura, su cotidianidad. En este sistema de relaciones, en el que cada individuo se inserta como portador de una historia personal, grupal y social, el estudiante asume una posición activa y responsable en la construcción y reconstrucción de sus conocimientos, habilidades, valores, afectos, formas de relación y actuación.
  La historia permite abrir un abanico de oportunidades para ver sus etapas y periodizaciones, relacionando lo viejo con lo nuevo, desarrollando nuevos procedimientos para nuevos descubrimientos del territorio, articulando una realidad histórico socio cultural además de abarcar el estudio de la soberanía aumentando el sentir patrio, al analizar el estudiante los momentos de conflicto y episodios entre ejércitos para alcanzar la libertad de las naciones latinoamericanas. Esto alimenta el interés por retomar la historia patria, la lectura de las batallas y otros acontecimientos.
  En cada fenómeno visto en la historia el docente puede exigir su caracterización y estudiar sus cualidades desde su contexto. Un acontecimiento puede servir para motivar a su investigación y construir desde su inicio una reflexión hacia la formación del pensamiento crítico.
  Para comprender la historia, el territorio y sus recursos, el estudiante aprende diversas metodologías pudiendo desarrollar habilidades cognitiva para aplicarlas en otro fenómeno que se le presente. Como el proceso de enseñanza aprendizaje es dialógico, el docente puede aportar nuevas herramientas en el aspecto metodológico.   Lo cual permitirá formar el sujeto activo desarrollador. Podrá investigar sólo y hacer sugerencias en equipo, enriqueciendo los argumentos para poder abordar por diversas vías la información histórica.
  La búsqueda de la verdad histórica es otro aspecto importante en el aprendizaje. Este interés puede despertarse desde un documental audiovisual y luego extraer los aspectos más importantes y contrastarlo con la documentación existente. Estos procesos forman y refuerzan necesidades cognoscitivas y el surgimiento de nuevas necesidades, actitudes, y valores.
  La  participación activa, la vivencia de lo logrado, la motivación constante para la investigación mantendrán en el sujeto que aprende el interés  por saber, el sentido de responsabilidad en el proceso de formación profesional y una actividad constante en revisar los valores de identidad histórico social. La territorialidad y la soberanía asumen una importancia en el sujeto que aprende pudiendo transmitir y hacerse agente multiplicador, aumentando así el pensamiento crítico, analítico y valorativo. Se interrelaciona con su comunidad en su intento de enseñar lo aprendido que siente, que sustenta, tiene convicción y un sentido moral para ver los contextos micro y macro.
Todo el mundo exterior continental, nacional, histórico cultural, la sociedad y la educación se observa en un solo marco referencial rico en conocimientos por la interacción y el dialogo, el desarrollo del intelecto, las experiencias de las relaciones con otros sujetos, con materiales, equipos, técnicas, lo que resulta de una enseñanza desarrolladora teniendo a la historia y a la geografía como auxiliares potenciando en el estudiante sus valores de identidad histórico social.
  Las acciones investigativas, la lectura e interpretación de mapas, documentos y videos, la planificación de las tareas y toda la organización de la actividad de aprendizaje, no solo activa el autoconocimiento y autovaloración, sino que conducen a que el sujeto activo se convierta en objeto de su propio desarrollo y de una autorregulación consciente. Esto ocurre en el aprendizaje grupal donde el sujeto consciente enriquece su mundo espiritual y valorativo hacia nuevas perspectivas mediante la comunicación e intercambio de informaciones, ideas, conceptos, formas de relación afectiva.
  Desde la actividad de aprendizaje en grupo, se deja abstraer por una parte de la realidad histórica para aprender de ella y transformarla sin limitarse a los conocimientos sino a interpretar la realidad social junto con los miembros abarcando un sistema de relaciones  en que el sujeto, el objeto y la sociedad adquieren una significancia para el grupo.
  Mediante el objetivo de la actividad se intenta lograr la formación integral del sujeto que abarca el objeto de la actividad. La transformación se da en el mundo interno del sujeto para su autodeterminación, una personalidad autónoma vinculada a su progreso personal y colectivo.
Desde la actividad se desarrolla un proceso de síntesis de relaciones para el crecimiento personal y colectivo del grupo debido a que la actividad orientada por el objetivo del proceso de enseñanza-aprendizaje de carácter dialógico se construye en forma conjunta entre el docente y el grupo de acuerdo a motivos, intereses, estrategias, herramientas, entre otras, perfeccionando las acciones de la actividad, por la expresiva necesidad de aprender y de perfeccionar el aprendizaje.
  El sujeto toma conciencia del aprendizaje y su importancia cuando descubre y reformula sus necesidades  en dirección al cumplimiento o logro del objetivo pero esto depende de la adecuada planificación del docente o coordinador para que el sujeto disfrute la aventura del aprendizaje el cual se inicia desde el diagnostico como punto de partida de la actividad sin la cual no existiría una predisposición o una toma de conciencia hacia el logro, el encuentro con el objeto ó la satisfacción del objetivo.
  Es el docente quien determina las exigencias de la planificación y orientación de la actividad del aprendizaje: su objeto, el contenido, sus múltiples relaciones con el contexto actual y el contexto histórico, el complicado tejido de las relaciones entre objetos y sujetos, individuo, grupos y subgrupos, la valoración social que se obtienen en el estudio de las experiencias históricas y de los conocimientos de la cultura identitarias.
  El docente debe partir de las zonas de desarrollo próximo del sujeto donde se encuentran sus potencialidades afectivas y posibilitando la expresión de sus motivos, intereses e inquietudes, pareceres e indicadores de preferencia y rechazo en forma individual. Los elementos de la actividad de aprendizaje que son las acciones exigen ser planificadas y reguladas mediante funciones evaluadas continuamente por las transformaciones que se dan en el sujeto y la valoración y sus significados como producto subjetivo.
  El docente orientará la documentación, los conocimientos y las estrategias, mediante referencias para que el aprendizaje se oriente hacia el objeto, y el sujeto regule el aprendizaje mediante el “cómo”, el “modo” y el “para que”. En esta regulación debe visualizarse la posición del objeto, su caracterización, condiciones en que se presenta. En cada etapa de desarrollo, el sujeto experimentará nuevas experiencias útiles para enfrentar las nuevas que se le presentan. Esto es viable para el grupo o los grupos porque ellos pueden aportar referencias sobre el objeto de estudio e intercambiar y manifestar actitudes y sentimientos como portadores de valores de la carga cultural y de su historia.
  Como en la mayoría de los casos las necesidades no tienen un carácter regulador debe motivarse en toda actividad para vincular al sujeto al objeto de estudio, luego la orientación del sujeto en forma individual y la ejecución de las acciones planificadas y estructuradas. Es desde aquí que el sujeto amplia su visión sobre el objeto, tomando conciencia de las necesidades y  objetivando hacia lo que le satisface. Cuando el sujeto se identifica con el objeto de estudio aparece la fuerza reguladora encaminada al logro del objetivo. La ausencia del carácter de la motivación afecta las actividades planificadas ocasionando limitaciones para su cumplimiento y otros obstáculos. El sujeto puede regresar a los estados de animaversión a la historia, a la geografía, entre otros aspectos.
  La acción para actuar sobre el objeto y sus relaciones consiste en aprehenderlo de acuerdo a lo planificado para ser transformado. El objeto se internaliza en el sujeto mediante la acción reguladora e individual del sujeto cuando aprehende el objeto en forma integral. Mientras más se aprende del objeto se amplia la motivación para su comprensión total lo cual exige mayores técnicas operativas pero se transita hacia interacciones más complejas con otros objetos produciéndose en el sujeto mayor dominio de modos de regulación y actuación que enriquecerán su mundo espiritual.
  Cada acción desarrollada regula el resultado esperado al identificarse errores, obstáculos, logros de acuerdo al objetivo previsto en lo individual y grupal. En cada análisis sobre la realización de la acción planificada (del desarrollo potencia al desarrollo alcanzado) ocurren transformaciones por lo cual es necesario tomar en cuenta los criterios orientadores del docente y los criterios de los estudiantes. Las transformaciones se transfieren al nivel mental y hay momentos en que el control y la regulación no cuentan con criterios suficientes para determinar los logros y las deficiencias quedando asuntos pendientes o conocimientos que no remiten gran significación para el análisis muy importante de tomar en cuenta frente a la evaluación de lo alcanzado a nivel grupal e individual.
  La actividad debe estructurarse de acuerdo a las exigencias que se dan en las relaciones del objeto con la realidad para descubrir sus propiedades y características, de allí se vislumbra sus propiedades y sus vínculos con cada sujeto individual o colectivo, haciendo la actividad más dinámica para el aprendizaje y enriqueciendo con nuevas experiencias la planificación, la organización, estructuración e instrumentación de las acciones y las tareas para enfrentar las limitaciones y dificultades del aprendizaje con nuevas respuestas.
  Los objetivos orientan las acciones de los estudiantes hacia la comprensión, conocimiento y transformación de la realidad, incluyendo normas y procedimientos, relaciones, condiciones y ejecución, caracterizaciones del objeto y las exigencias sociales, políticas, económicas, ideológicas. El logro de los objetivos está determinado por los contenidos, cuya importancia radica en la concepción que utilice el docente.
  En la estructuración de los contenidos se vinculan los temas históricos, territoriales y de soberanía bajo la lógica organizativa de cada disciplina y de estas con otras disciplinas o directamente al perfil ó la actividad profesional futura. Se vincula al estudiante con su contexto histórico social en la que se señalan los conflictos internacionales, contradicciones políticas y de clase, continuidades y discontinuidades en los procesos y todo lo que contribuya a enfrentarse críticamente a la realidad.
  Desde el docente (plano interpsicológico) las tareas se instrumentan con las acciones a ejecutar por los estudiantes (plano intrapsicológico), los modos de relación con el objeto de estudio, las normas de comportamiento, dadas en determinadas condiciones históricas, estudiadas por la lógica de las disciplinas auxiliares y sus vínculos éticos y sociales relacionadas a la profesión.
  Los métodos de enseñanza y los procedimientos para controlar el proceso de formación de acuerdo a los objetivos previstos están en función de la tarea docente. El método dialógico participativo permitirá abrir nuevos espacios de reflexión así como la formulación de nuevos problemas de la realidad histórica latinoamericana para encontrar soluciones en conjunto bajo el ejercicio pleno de la crítica y la autocrítica, la fijación de compromisos para que las dificultades se superen para ir ajustando el proceso de aprendizaje durante su ejecución.
  La estrategia impone un nuevo rol al educador del PNFE, al redimensionar su perfil y a desarrollar tareas educativas.
 
  Por los cambios experimentados que pueden desarrollar la capacidad socio defensivo que se pretende instaurar desde la educación, lo cual es necesario en los grados superiores de la educación bolivariana para su continuidad y el desarrollo del ser latinoamericanista que se espera, sensible, con modos de pensar radicales e intransigentes antes maniobras de agresores colonizadores.

 CONCLUSIONES
 -Los valores son parte de la personalidad y están formados por el medio socio cultural que interactúa con el sujeto mediante un proceso de aprendizaje. Tienen una acción orientadora  y reguladora en la conducta.
 - La desmemorización en la educación tradicional que anula la formación en valores en identidad histórica social y la acumulación de información en los estudiantes y docentes, sin tomar en cuenta la territorialidad y el ejercicio de la soberanía produce un vació en el estudiante del PNFE que se incorpora al modelo educativo bolivariano limitando su formación latinoamericana e integral.
 - La estrategia docente en formación en valores de identidad histórica social, territorialidad y soberanía, inserta como eje transversal en el PNFE de la educación bolivariana, completará la formación profesional e integral con compromiso social y defensivo que es lo que se espera.
 -La estrategia docente desde el proceso de la enseñanza- aprendizaje en formación en valores de identidad histórico social sobre territorialidad y soberanía deben centrarse en el cambio de actitud del profesor hacia una mayor conciencia e identidad plena con su tarea y su profesión pudiendo genera formas de aptitudes, de actitudes y actuaciones en el estudiante, quien puede completar su formación bolivariana a pesar de traer un peso valorativo contrario al modelo de ciudadano que se quiere.
 -Cualquier enfoque que se utilice para una educación en valores producirá un buen desarrollo psico-social, pero no integral. En tiempo de agresividad imperialista a los pueblos en desarrollo, la formación en valores en identidad histórica social, territorialidad y soberanía, formará en saberes y haceres con conciencia para la defensa, reforzando la intolerancia e intransigencia permanente en el sujeto ante cualquier amenaza contra su historia, territorialidad, soberanía y república.

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