Revista IPLAC

Publicación Latinoamericana y Caribeña de Educación

Pensamiento Educativo

Pensamiento revolucionario venezolano: fundamento de una nueva concepción pedagógica de la formación cuidadana

PENSAMIENTO REVOLUCIONARIO VENEZOLANO: FUNDAMENTO DE UNA NUEVA CONCEPCIÓN PEDAGÓGICA DE LA FORMACIÓN CUIDADANA

 AUTORA:

Lic. Elizabeth Leal Pinto de Arévalo.
Profesora e investigadora del Centro Internacional Miranda, Caracas, Venezuela.
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 RESUMEN
  El Estado venezolano orienta su acción política dentro de una ética de gobierno socialista, centrada en la educación para la formación del ciudadano. Factores objetivos y subjetivos favorecen este cambio paradigmático hacia un único constructo: personas dignas, solidarias, participativas y empoderadas de sus derechos y deberes. Esta tarea, eminentemente educativa, requiere de una pedagogía del ejemplo, la transmisión de valores mediante la vida misma. La formación ciudadana de niños, adolescentes y jóvenes venezolanos, debe partir del ideal ético, moral y pedagógico de figuras representativas en la historia educativa venezolana. En el artículo se demuestra que los aportes del pensamiento de Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Prieto Figueroa, Luis Antonio Bigott y Belén Sanjuán, constituyen fundamento de una nueva concepción pedagógica de la formación ciudadana en el nuevo contexto revolucionario de Venezuela.

 ABSTRACT
  The Venezuelan government directs its political action within the socialist government ethics, focusing on education for citizenship training. Objective and subjective factors favour this paradigm change towards a single construct: people with dignity, solidarity, participatory and empowered about their rights and duties. This task, eminently educative, requires a teaching by example, the transmission of values through life. The civic education of children, adolescents and young Venezuelans should be ideal from an ethical, moral and pedagogical representative figure in the history of education in Venezuela. The article demonstrates that the contributions of the Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Prieto Figueroa, Luis Antonio Bigott and Bethlehem Sanjuán´s  thought of constitute the foundation of a new educational conception of citizen education in the new revolutionary Venezuela.

 INTRODUCCIÓN
  La imagen del nuevo republicano que concibió Bolívar incluyó el fortalecimiento de su formación ciudadana. En el momento de cambios estructurales que vive hoy Venezuela, es imprescindible asumir la creación de un modelo educativo que considere ese ideal bolivariano; expresión, a su vez, del modelo robinsoniano desarrollado a través del pensamiento de figuras como Prieto Figueroa, Bigott y Sanjuán.
  El legado de los padres fundadores constituye una concepción vigente. Está concentrado en el pensamiento pedagógico más progresista de Venezuela. Para su estudio fueron seleccionadas figuras cimeras que representan tres momentos del acontecer educativo revolucionario venezolano: los padres fundadores, Simón Rodríguez y Simón Bolívar; uno de los principales iniciadores del movimiento por la Nueva Escuela e incansable luchador por los derechos de los niños y el precursor de la educación integral, Luis Beltrán Prieto Figueroa; los modernos, Luis Antonio Bigott, pedagogo de la descolonización en América Latina y el Caribe, y Belén Sanjuán, pedagoga de la Educación Integral.
  El estudio de su obra, a través de documentos escogidos, permitió identificar regularidades o invariantes del pensamiento educativo revolucionario, referidas a la concepción ética, a la tradición cívica del pensamiento pedagógico venezolano, indispensable para una concepción pedagógica en la Venezuela revolucionaria de hoy.
Desde el punto de vista comparativo, se tuvo en cuenta el aporte de cada uno, que a su vez hace la diferencia con los demás y el cambio, o de qué manera evoluciona su pensamiento, para entender cómo se desplegó su contenido educativo en relación con la formación ética ciudadana. Los indicadores de análisis fueron: sus concepciones sobre formación ciudadana, el rol que el Estado debe jugar, los valores ciudadanos más importantes a formar y las vías que proponen para ello.

 DESARROLLO
  La figura de Simón Rodríguez (1771 – 1854) se inscribe en un momento histórico de especial significación para la patria americana, marcado por el proceso emancipatorio del siglo XIX y el surgimiento y subsiguiente consolidación de la nueva cultura republicana.
  Probablemente haya sido él quien habló por primera vez en América Latina, de la profunda vinculación existente entre la escuela y la sociedad. La escuela en función social. La escuela que concibe Rodríguez es una escuela para la vida, donde el desarrollo personal y cultural adquiere un significado; en la que cada quien aprende a valorarse y valerse por sí mismo y a ser útil a otros; para que la realización particular vaya de la mano con el desarrollo colectivo porque "los hombres no están en el mundo para entredestruirse sino para entreayudarse” . Una escuela que, al revisar el contexto histórico y sociocultural venezolano, refleja un pensamiento de avanzada, por cuanto, para el momento, no se concebía un maestro cuya concepción del mundo le permitiera ayudar a sus discípulos a reconciliarse con el trabajo desde su propia experiencia.
  Concibió la educación ciudadana como el proceso de formación de buenas costumbres; lo cual significa para él, la preparación para el goce de la ciudadanía. La cultura republicana tiene aquí, una dimensión valorativa. Su tesis se fundamenta en el rol que debe asumir el Estado como padre común en la educación. Formar las costumbres.  
Decía Simón Rodríguez en 1834, que la tarea prioritaria para el hombre debe ser el conocimiento sobre sus semejantes y la sociedad en la que se desenvuelve. Este pensamiento tributa a la concepción del hombre como ser social, y de la necesaria formación del ciudadano, en función de desarrollar la capacidad de discernimiento para resolver la contradicción entre el ser y el deber ser,  tanto en lo individual como lo colectivo. Señalaba que la condición para que haya armonía social son los principios que reglen la conciencia pública. En sociedad, cada individuo debe considerarse como un sentimiento. De la  combinación de los sentimientos se forma la conciencia, y de la conformidad de conciencias resulta la unidad de acción, es decir, la conciencia social, la función transformadora de la sociedad.
  “Sociedad Republicana es la que se compone de hombres íntimamente unidos, por un común sentir de lo que conviene a todos - viendo cada uno en lo que hace por conveniencia propia, una parte de la conveniencia general” . Parafraseando al Maestro, en asuntos de educación, la política es y debe ser, formar hombres para la sociedad; en ese sentido vale la cita anterior por cuanto ella sintetiza su punto de vista sobre el desarrollo moral de las naciones. En este proceso, las sociedades se elevan hacia un nivel superior de comprensión del mundo, propician en los ciudadanos la autorregulación su comportamiento social.
  Para Rodríguez, pensamiento, sentimiento y actuación transcurren en una compleja relación en la cual el sentido proyectivo de los dos primeros se confirma a través de la acción que, a su vez genera una nueva proyección.  Es la formación como síntesis de lo cognitivo y lo afectivo.
  Propone como vía para lograr la armonía social, la instrucción: en lo social (el primer conocimiento, el de sus semejantes, la sociedad); en lo corporal, lo científico, la técnica.
  En el tiempo de la educación elitesca, considera que el Estado cumple una función determinante en la formación ciudadana: el gobierno republicano debe asumir la educación de todos, debe haber Escuela en las Repúblicas. Por ello, propone la educación popular, una escuela para todos, la escuela única, todos son ciudadanos sin ningún tipo de exclusión: “así como no se tiene a un hombre muerto de hambre, porque es de poco comer, no se ha de condenar a un hombre a la ignorancia, porque es de pocos alcances" . Palabras que testimonian su identificación con los humildes, su radicalismo y el sentimiento humanista que acompañaría su esencia de pedagogo, lo cual se reconoce como el fundamento ideológico de su pensamiento.
  Su pensamiento, al respecto, se resume en cuatro puntos: pensar en el bien común, es decir, en la República; una educación social, para ello propone un nuevo plan de enseñanza; enseñar de palabra y obra: para Rodríguez es imprescindible la pedagogía del ejemplo; la primera escuela como fundamento del saber ya que este período es “el terreno en que el árbol social echa sus raíces”.
  Simón Bolívar, (1783-1830), el Libertador, fundador de naciones en un proceso inédito hasta entonces: la independencia de buena parte de la América del Sur. Concibió la creación de un bloque de naciones americanas fundadas en principios de soberanía, autodeterminación, amantes de la paz, de las luces y con profundo apego a la moral, como contrapeso a las intenciones imperiales de Europa y de potencias emergentes.
  Aún cuando no fue un pedagogo profesional, toda su obra documental trasluce una orientación marcadamente educativa, en particular hacia la formación ética. En esa vasta obra se revela el concepto de moral, la ética del guerrero, del estadista, del ciudadano comprometido con la vida, con el proceso de liberación que lo llevó a abandonar la seguridad del reposo para emprender el auxilio a los oprimidos de la América meridional.
  En sus escritos, desde una perspectiva epocal, se descubre el arraigado sentimiento humanista que anima su compromiso con la igualdad, con la equidad, con la justicia forjadora de la suprema felicidad social. Esa idea va delineando su radicalismo emancipatorio. En resumen, su visión del mundo libre.
  Discípulo de Simón Rodríguez, Bolívar comprendió la necesidad de formar ciudadanos, de sembrar valores, de la formación de buenas costumbres para tener “hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados”  que constituyan las Repúblicas; de allí su prédica sobre la adquisición de talentos y virtudes políticas. La moral pública es el firme basamento de la República, sin ella no hay libertad. En ese sentido, formuló la tesis del Estado Docente al plantear que “el gobierno forma la moral de los pueblos, establece la educación pública y la dirige”, de acuerdo a sus más nobles propósitos . La siembra del maestro cristaliza en Bolívar en esa expresión suprema, delineada  ante el Congreso, reunido el 15 de febrero de 1819, en Angostura  “la educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso.  Moral y luces son los polos de una República” .
  La formación del hombre para vivir en la nueva sociedad, inspirada en una ética colectiva, es el hilo conductor que marca su pensamiento. De allí, la escuela inclusiva. Es el principio de la igualdad de todos los seres humanos y el derecho de todos a salir de la miseria tanto material como espiritual. Socializar, democratizar el conocimiento.  Tal  como se ha señalado anteriormente, este pensamiento inspira la noción del Estado docente. Es su esencia y su razón de existir a través del artículo 102 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, desarrollado más adelante en la Ley Orgánica de Educación, artículo 5.  
  El estadista deja traslucir en su proceder diario como en toda su obra escrita, la esencia de su pensamiento republicano, el sentido de la trascendencia - siembra de valores - construcción de la sociedad. La relación gobierno-pueblo, como elemento esencial en la formación de la sociedad, el respeto sagrado por la Patria, por las leyes y por las autoridades, son valores indicativos de la convicción que nutre su formación espiritual: las buenas costumbres deben ser el fundamento de las leyes. De allí, el  principio de autoridad y la moral republicana, la formación ciudadana y el perfil que deberá alcanzar el republicano de las nuevas naciones. Es el código humanista que anima su afán por la transformación de la realidad americana y que lo determinó como ciudadano.   Lección de integridad moral, de claridad y entrega a la formación permanente del ciudadano.
  Después de la muerte de Bolívar, en 1830, la política de Estado en Venezuela sufrrió cambios substanciales. Sin embargo, a pesar del agotamiento de las arcas nacionales, el debilitamiento del tejido social, producto de las contradicciones y de la inestabilidad política que marcó a la sociedad venezolana de esos años, “la preocupación por educar al pueblo se mantuvo como una constante durante todo el siglo XIX. Los afanes se centraron (…) en la educación primaria”.  Muestra de ello es la Constitución de 1864 que, fiel al principio bolivariano, estableció la obligación del Estado en materia educativa; lo cual imponía fundar escuelas en todo el territorio.  
  En el siglo XX, nuevos intentos democráticos. Poeta, político, docente, jurista, gremialista, estudioso de la docencia nacional, Luis Beltrán Prieto Figueroa (1902 – 1993) constituye un permanente ejemplo de dignidad, de trabajo creativo, de espíritu de lucha para vencer las dificultades, de tenacidad, de amor por Venezuela. Soñó una educación para la formación integral.
  Bolivariano y robinsoniano, creyó fervientemente en un Estado Docente, responsable con la obligación de formar un ciudadano amante de la justicia y la libertad. Pedagogo comprometido con los valores de la democracia y las demandas sociales de las mayorías, se figuró una nación plena de jóvenes maestros comprometidos con su papel transformador; una formación técnica que asegurara el progreso del país. Militante de la pedagogía del ejemplo y fiel creyente en el poder del encuentro con los libros, afirmó que la función de la pedagogía era orientar el proceso de educación de un país, de ahí la necesidad de darle al pueblo los instrumentos para que aprendiera las ideas generales del país que se quería desarrollar, porque “la primera fuente de toda creación social, de toda aspiración humana”  es la educación.
  Un nuevo ambiente ideológico-cultural tiene sus bases en una Venezuela rural en la que han comenzado a ocurrir cambios, expresión de una fuerza política insurgente, alma de intentos democráticos que, a pesar de la convulsión social y política, se ven reflejados en propuestas para reorganizar la educación nacional. Es en el marco de estas tensiones que Prieto Figueroa presenta su Proyecto de Ley Orgánica de Educación Nacional, como representante y vocero de la comisión maestros, profesores y estudiantes de la FEV que había trabajado en su elaboración   y convencido de la necesidad de una escuela para la libertad y no para la sumisión.
  La Escuela Nueva y otro hito, la Revolución de octubre de 1945, marcan para Venezuela un nuevo acercamiento a la educación como concepto social; la figura de Prieto Figueroa se hace presente a través de la filosofía político-educativa y por ello expresa su convicción en la necesidad de la formación del hombre integral a través de la educación.  El pensamiento bolivariano resurge y se hace doctrina: el Estado docente.
  Sobre la base de que el acto educativo tiene carácter público, Prieto Figueroa insiste en que el Estado interviene en la organización de la educación del país y la orienta; en ella va comprometida su propia estabilidad, por eso la establece como gratuita. Estas son las premisas a partir de las cuales desarrolla la doctrina del Estado docente.
El derecho a aprender es irrenunciable, por eso, al ciudadano se le deben dar las herramientas indispensables para entender sus derechos y obligaciones en la sociedad, lo cual se vincula con la capacidad de autorregulación de su conducta moral y con la construcción colectiva que supera el paradigma del hombre aislado cuyo desarrollo propugna la sociedad neoliberal; el progreso de cada ciudadano debe estar en función del colectivo; la educación sirve a los fines de ayudar a su desarrollo espiritual. Por ello, en la sociedad es imprescindible la formación educacional en igualdad de condiciones, que responda a la idea de buen ciudadano que el Estado se forja y a éste le interesa que los ciudadanos tengan ciertas virtudes. La escuela se constituye en agente del Estado para la formación de la conciencia cívica.
  La educación venezolana para el Maestro Prieto, tiene el encargo de formar ciudadanos practicantes de la igualdad, demócratas, lo cual es producto de la práctica social. El Estado venezolano de honda vocación democrática, debe orientar su filosofía educativa bajo esos cánones; la escuela traicionaría su misión si se mantuviera alejada de la vida.
  El movimiento por la Escuela Nueva encuentra en él, a uno de sus más fervientes seguidores: “la escuela renovada es la creación de un espíritu”  porque tiene como norte incorporar a todos a la formación en la sana convivencia; la participación y el ejercicio democrático en los espacios educativos para formar los republicanos que requiere la república. Una escuela para la libertad y el autogobierno, comprometida con la colectividad, desenvolviéndose con ella, a la cual se vinculan esperanzas e intereses de todos. Afirma que el crecimiento espiritual de los pueblos depende de los ideales por los que viva, de las responsabilidades que asuma y del destino que llegue a trazarse. La educación popular, con igualdad de oportunidades para todos; la acción de todos los miembros de la comunidad garantiza el ejercicio y preservación de los derechos democráticos.    
  Hace énfasis en la preparación del maestro, formarlo para dejar de ser un enseñador y convertirse en creador, en instrumento de formación de conciencia popular. Esta postura ha servido para desarrollar una visión tergiversada sobre el rol que el maestro debe asumir en su interacción con las comunidades. El proceso de análisis de las circunstancias lleva implícito un trabajo de equipo, una revisión consensuada; no puede ser producto de una figura que llega, cual ser omnipotente, a entregar la solución. Sin embargo, se infiere que la postura de Prieto se dirige al perfil del maestro que, desde su papel de líder-facilitador, se entrega al trabajo cooperativo que significa la convivencia en medio de micromundos nuevos para él.  
  La verdad, la cooperación, la responsabilidad, el respeto por el otro, la convivencia armónica, la bondad, la sabiduría, la justicia, la paz, referentes para construir una voluntad colectiva, constituyen para Prieto valores indispensables para la misión fundamental del educador, poniendo a trabajar la sociedad por la creación de nuevos valores.   Y, en este afán, la pedagogía del ejemplo se impone.
  Luis Antonio Bigott (1938), bolivariano por convicción, latinoamericanista, revolucionario es, y siempre lo ha sido, solidario con los movimientos por la liberación de los pueblos. Hombre de la cultura y pedagogo de la Descolonización de América Latina y el Caribe y un trabajador impenitente por el rescate de las raíces de la nacionalidad venezolana.
  Concibe la formación ciudadana como la internalización de valores, el fortalecimiento de los valores propios para afianzar potencialidades de realización como ser nacional; un proceso de toma de conciencia que sólo puede ocurrir a través de la inmersión en el contexto social con visión crítica, analítica, participativa.
  Aquel ideal bolivariano de Estado que quiso formar la moral de los pueblos, encaminarlos hacia la grandeza, a la prosperidad, y al poder, no es el que identifica  Bigott en el entorno venezolano de los años setenta; su investigación muestra un Estado alienante, con un sistema tradicional de enseñanza divorciado de la realidad nacional, caracterizado por “un injusto e inhumano estado de diferenciación social.”
  Un Estado neocolonizado, diligente en el desdibujamiento de la verdadera historia nacional, que fabrica el pasado a medida de sus conveniencias y evita “que encontremos nosotros mismos nuestras fuentes históricas”  obliga a una toma de conciencia por parte del educador que tiene la misión, tal como lo han afirmado Rodríguez, Bolívar, Prieto, Sanjuán,  de ser creador, de incorporarse al proceso liberador al lado de las comunidades marginadas de siempre, para alcanzar metas tan lógicas como crear una verdadera nación y vivir sanamente, en ella.  El “si queremos hacer República, debemos emplear medios tan nuevos como nueva es la idea de ver por el bien de todos”  de Rodríguez se repite una y otra vez en la conciencia de aquellos que, como Bigott, han internalizado que el proceso de transformación deberá iniciarse, a partir de la percepción que se tenga de la realidad social y de la identificación de las contradicciones presentes en ella.
  Esa toma de conciencia pasa porque el educador, en su quehacer cotidiano, asuma que la compleja dimensión histórica de la totalidad social de la que forma parte, es producto de la realidad concreta en la que se ha formado, tiene relación con él; es susceptible de ser subvertida y él, un factor que puede y está en el deber de acelerar dicho proceso. Así, su formación como ciudadano es, y tiene que ser, continua y permanente en correspondencia con el contexto social donde se desenvuelve, porque entre sus funciones está guiar el proceso de formación en valores de generaciones de nuevos ciudadanos. Una noción de ciudadano indisolublemente unida a la dimensión humana, al sentido de bienestar colectivo, al proyecto de vida del país.
  En la línea de pensamiento robinsoniano, Bigott considera que el conocimiento de la historia y de la realidad sociopolítica y cultural del país son principios generadores de sentido de pertenencia y de solidaridad. Reguladores de la conducta, constituyen un núcleo estructurante de la ciudadanía. De allí que conmina a los educadores a iniciar un trabajo de autocuestionamiento, de reflexión profunda que permita asumir la responsabilidad de formar un hombre que sea capaz de modificar la historia del continente. Un ciudadano con un proyecto de vida fundado en valores y sentimientos y cuya concepción del mundo responda a su época. Por eso, partiendo de que este educador es él es un producto de la interrelación de planos, en una determinada realidad concreta,  propone una reinterpretación del proceso educativo para llegar a un nuevo modelo de interpretación del mismo. Lo denomina pedagogía de la descolonización.  
  No sólo se reconoce en Bigott la influencia robinsoniana, el educador Paulo Freire también deja su huella, por eso sentencia la indispensable necesidad de educar para el entendimiento. Educar también significa desequilibrar, dudar, luchar, participar, estar presente en el mundo y el educador debe ser, debe convertirse en un subversivo para socavar las vías invisibles del coloniaje y salir a la libertad.
  En la misma línea de pensamiento de los autores precedentes, la maestra Belén Sanjuán (1916 – 2004) aplica en la cotidianidad de la escuela, los preceptos de Simón Rodríguez. Todos ellos comulgan con la necesidad de formar para la vida. Esos principios/enseñanzas trascienden el tiempo, y reviven las luchas por la democratización de la educación. La estrategia se profundiza hacia una visión integradora: la educación integral, mandato constitucional establecido en el artículo 103 de la Constitución de 1999.  “Educación integral en el presente para asegurar el futuro (…) como política de Estado Docente, exige comenzar por analizar y recrear su filosofía pedagógica, para que camine con pie firme sobre bases seguras (...) El objetivo es enseñar para que sigan aprendiendo…”  
La siembra de valores a través de la toma de conciencia y la pedagogía del ejemplo ha sido el quehacer de la maestra Sanjuán, haciendo suyo el  principio robinsoniano de que el hombre (el ser humano) debía ser formado, preparado para el goce de la ciudadanía, para compartir el bien común; para llevar una existencia armónica, ecológica en el sentido holístico del concepto. Todo esto implica una revisión objetiva del presente, una mirada a las causas generadoras de esta cultura de la violencia, el aislamiento, desarraigo; erradicar esos antivalores que marcan a la sociedad contemporánea , a fin de hacer una prospección del republicano que se quiere formar.
Belén Sanjuán llama a usar las herramientas del maestro del Libertador, para ella, la unidad armónica que significan la mente, el alma y la mano, sigue siendo la pedagogía imprescindible para superar las inequidades que laceran a la Venezuela del siglo XX, para formar a los ciudadanos que requiere la república a refundar, para formar millones y millones de nuevos ciudadanos.  
  El Estado docente, hilo conductor que transversaliza el pensamiento pedagógico venezolano estudiado, impele a Belén Sanjuán a afirmar que el Estado, a través de la escuela, debe orientar a los educandos para que reconozcan y valoren su pertenencia a una comunidad y a participar en las tareas que hacen posible la convivencia armónica de los miembros de su comunidad escolar y familiar, como primer paso en la formación de  ese sentido de pertenencia.
  El oficio del maestro es formar hombres para la sociedad. Con ello quiere significar, prepararlo para concientizar su existencia en una realidad histórico concreta, lo cual remite al acceso a todos los saberes para, además, aprender el valor del trabajo, en tanto dignificación del ser humano.  Considera que el énfasis está en la interacción alumno-maestro. Sólo dejando a un lado la actitud de maestro enseñador que decía Prieto, para abrirse  a las posibilidades de un instrumento crítico del que habla Bigott, la escuela junto al hogar, podrá preparar la nueva generación con sentido de pertenencia a la comunidad nacional, latinoamericana y mundial. No hay opción, la unión entre familia y escuela “es un deber que refleja el sentido cooperativo para las cosas importantes”  
  Preconiza que la escuela está llamada a ser un centro de formación ciudadana que habrá de proyectarse a las nuevas generaciones: la República escolar, estrategia pedagógica, formadora de valores. El proceso enseñanza-aprendizaje transcurre a través de experiencias nutridas de civismo, el conocimiento de la comunidad en la que se desenvuelve, la conjunción de voluntades para afrontar problemas de un determinado colectivo, ayudan en la formación de la cooperación, solidaridad, ayuda mutua, respeto por el otro, la democracia, la libertad, la justicia, la igualdad.
  En correspondencia con lo analizado en el estudio de estas figuras, un modelo educativo como el propuesto en las actuales condiciones de Venezuela,  debe partir de una visión de país y debe sustentar sus estrategias de acción sobre principios de cooperación, solidaridad y corresponsabilidad. Ello significa poner en un lugar cimero el componente formativo de la educación y potenciar la formación ciudadana de los venezolanos.
  Visto desde la óptica de la revolución bolivariana, analizar el texto de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, significa percibir la influencia que los autores estudiados han ejercido en la generación venezolana actual, con miras a la construcción del nuevo andamiaje conceptual que animará la nueva República.
  Del análisis realizado se puede extraer como conclusión que la formación ciudadana ha sido desde los inicios republicanos, motivo de reflexión para el pensamiento pedagógico venezolano, en el sentido de que se la considera condición indispensable en la construcción de la patria. Sobre la base del humanismo,  entienden la educación como un fenómeno social por lo que la formación ciudadana, proceso educativo-social, deviene un encargo social.
  El Estado docente, doctrina que desde un principio estuvo sustentada con la convicción de la igualdad de todos los hombres, y en el derecho al conocimiento  y el deber de su socialización por parte del Estado, vivió largos momentos de desdibujamiento en beneficio de la tesis de la sociedad educadora y la instauración de la educación clasista. Sin embargo, en el presente trabajo se pretende nutrir, tal como se puede apreciar en los planteamientos de las figuras estudiadas y en su materialización en la práctica inclusiva de la educación integral, en igualdad de condiciones y oportunidades.  
  Todos los pensadores analizados insistieron en la formación ciudadana y dentro de ella, la educación moral del ciudadano. De una u otra manera dejan entender que la formación ciudadana tiene un alto componente interiorizante, en el que es el individuo quien asume y hace suyos los preceptos de la sociedad. Ésta educa a través de recursos que va creando. El binomio hombre-sociedad habla de una relación dinámica y constante. Aunque al hablar del ciudadano y su formación, se entiende que en el proceso confluyen elementos políticos, jurídicos y éticos, es la ética el elemento esencial en esta tríada. Y en ese proceso, se erige la figura del maestro quien, por su condición, tiene en sus manos el encargo social de la formación ciudadana por lo que debe formarse, para tener determinadas cualidades, aptitudes y competencias.

 CONCLUSIONES
  La formación ciudadana ha sido desde los inicios republicanos, motivo de reflexión en el pensamiento pedagógico venezolano, en el sentido de que se la considera condición indispensable en la construcción de la patria. Sobre la base del humanismo, estos pensadores entienden la educación como fenómeno social y la formación ciudadana, proceso educativo que deviene en un encargo social.
  El  Estado docente, doctrina que desde un principio estuvo sustentada en la convicción de la igualdad de todos los hombres y en el derecho al conocimiento  y el deber de su socialización por parte del Estado, vivió largos momentos de desdibujamiento, en beneficio de la tesis de la sociedad educadora y la instauración de la educación clasista. Sin embargo, tal como se puede observar en los planteamientos de las figuras estudiadas, se materializado en la práctica inclusiva de la educación integral revolucionaria en Venezuela, en igualdad de condiciones y oportunidades.  
  Todos los pensadores estudiados insistieron en la formación ciudadana y dentro de ella, la educación moral del ciudadano. De una u otra manera dejan entender que la formación ciudadana tiene un alto componente interiorizante, en el que individuo es quien asume y hace suyos los preceptos de la sociedad. Ésta educa a través de recursos que va creando.
  Al hablar del ciudadano y su formación, se entiende que en el proceso confluyen elementos políticos, jurídicos y éticos. Es la ética el elemento esencial en esta tríada. En ese proceso, se erige la figura del maestro quien, por su condición, tiene en sus manos el encargo social de la formación ciudadana, para lo que debe formarse y tener determinadas cualidades, aptitudes, competencias.
Para una concepción pedagógica de la formación ciudadana, hoy, en Venezuela, es imprescindible tomar como fundamentos los ideales de las figuras estudiadas. Especialmente el legado de los padres fundadores constituye una concepción vigente, por cuanto allí está concentrado el pensamiento pedagógico más progresista de nuestros días.

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